18-09-2021 03:09:27 PM

¿Qué más se puede hacer?

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Las mujeres son la población mayoritaria en el estado (52.1%), es decir hay aproximadamente 3.2 millones, aún así son un grupo “vulnerable” de la sociedad. Además, erróneamente se relaciona o entiende vulnerabilidad como sinónimo de debilidad, lo que acentúa la desigualdad en la que se desenvuelven miles de poblanas todos los días.

Esta semana -seguramente todo este mes- con motivo del Día Internacional de la Mujer abundarán los discursos, actos, foros, conferencias en los que desde el gobernador, demás políticos y organizaciones civiles hablen sobre el “papel de la mujer en la sociedad”, se reconozca su aportación a la sociedad, y hasta se ponderen los programas gubernamentales a favor de ellas.

Sin embargo la realidad poblana no va con el discurso.

El actuar de los diversos sectores de la sociedad, desde el propio gobierno, deja mucho que desear en torno a la atención que se da los múltiples problemas que enfrentan las mujeres.

Aflora la indignación cuando se hace público el maltrato (de cualquier tipo) que sufre una mujer o el homicidio de una de ellas.

Pero, indigna más cuando la capacidad de respuesta de las autoridades es mínima, o también de algunos sectores de la sociedad.

Ha pasado más de un mes del homicidio de Karla López Albert, aún no hay una solución legal ni convincente.

Cada mes mueren 5 Karlas en Puebla y poco se hace por resolver sus casos.

Cada día en Puebla 84 mujeres son golpeadas brutalmente por sus parejas o algún familiar, en varios casos llegan al grado de intentar matarlas ya sea con algún arma blanca o por ahorcamiento, y de éstas cinco fallecen cada mes. Al año se registran 306 mil denuncias de mujeres poblanas víctimas de violencia, según datos del Inegi.

La violencia contra las mujeres es física y sexual, se da en todos los sectores de la sociedad; algunos son más públicos o se conocen por denuncias ante el MP, otros más sólo se conocen en el ámbito familiar y varios más sólo la víctima.

Por este número de casos es que el Inegi ubica a Puebla como un estado con situación “muy grave” para las mujeres.

Es el cuarto estado en el país con el nivel más alto de violencia contra las mujeres.

Pero la violencia contra las mujeres no sólo puede ni debe considerarse como la física o sexual; hay violencia cuando se le margina de puestos de trabajo, de un mejor salario; cuando se le condiciona el empleo, la educación o el acceso a los servicios de salud.

También es violencia si se le margina a estar en la casa atendiendo a la familia, sin ningún tipo de reconocimiento.

En Puebla las mujeres no sólo son la mayoría de la población, son un parte fundamental en el sostenimiento de miles de hogares. Al menos el 19.1 por ciento de los hogares en la entidad son monoparentales, y de estos el 80 por ciento son encabezados por una mujer, que es el sostén económico de esa familia.

En el ámbito laboral, en muchos de los casos el ingreso de la mujer es la mitad de lo que gana el hombre, por el mismo trabajo, la misma responsabilidad y el mismo número de horas laboradas; sin olvidar la marginación de la mujer para que tenga acceso a mandos directivos de primer nivel.

En educación, de los 400 mil analfabetas que hay en el estado se calcula que más de 50 por ciento son mujeres.

Es cierto que existen leyes en todos los ámbitos, desde la Constitución de México y la Constitución de Puebla, que establecen la igualdad, la equidad lo cual no se ve plasmado en la práctica.

Lamentablemente no hay una política integral para atender esta situación.

La “vulnerabilidad” se puede contrarrestar en la medida en que se reduzcan los efectos del propio peligro, es decir fortalecer la capacidad, visión y protagonismo de las mujeres; que las relaciones sean entre iguales.

Abordar las causas subyacentes a la vulnerabilidad, como la pobreza, el mal gobierno¸ la discriminación, la desigualdad y el acceso insuficiente a recursos.

El cambio debe ser individual y colectivo, que no prevalezca la subordinación.

Indignan las condiciones en que viven las mujeres poblanas o los homicidios del que son víctimas.

Indigna que no se pase del mero discurso cada 8 de marzo.

Indigna ver que el gobierno, que los gobernantes, son incapaces de ejercer su función y su obligación, pues para eso están.

Por ello, cuando un gobernante pregunta: ¿qué más se puede hacer? la única respuesta que puede obtener es la histórica de Alejandro Martí: “Si no pueden, renuncien”.

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