09-12-2021 08:26:50 AM

Sobre la Ley Mordaza

ecos23

Como todo comunicólogo o periodista poblano en estos momentos, me parece importante comentar lo que se reflexiona a respecto de la llamada Ley Mordaza-suavizada o no-, sobre la despenalización de la calumnia y la difamación, convirtiéndola en derecho civil y que se sanciona con dinero en vez de con cárcel.

En principio, por más atractivo que me parezca, prefiero no llamarla ley ‘Rafamordaza’ como se le denomina en Twitter, ya que no se trata de crear más conflicto y roces con la autoridad, sino expresar lo que se piensa acerca de esta propuesta que se discute actualmente en el Congreso.

ecos23De antemano, creo que se sobreentiende que esta manifestación a favor de la libertad de expresión, no es un pretexto para decir lo que se quiera y como se quiera, sino para dejar que en los medios se continúen las manifestaciones de datos que van más allá de los simples hechos que se reportean.

Si bien es cierto que la iniciativa mejora las condiciones de la expresión en todos los sentidos al despenalizarse la calumnia y la difamación, también es cierto que toda la polémica surgida de las semanas pasadas, resulta de los claros problemas en su planteamiento, pues la llamada ‘mordaza’ proviene inicialmente, del mero cambio de lo penal a lo civil.

Así, es mucho más fácil poner una multa o solicitar una indemnización, que preparar todo un caso de litigio y persecución penal, que implicaría mayor tiempo, dinero, esfuerzo y sobre todo, pruebas de la víctima contra quien realizó la difamación.

Y aquí se tocan dos temas fundamentales: pruebas e indemnización.   En primera, el meollo de todo esto es que es muy difícil probar las cosas, tanto de muchos medios que hablan sin tener ‘los pelos de la burra en la mano’, tanto como de quienes pretenden detenerlos, sin pruebas fehacientes de cómo esto les afecta en lo anímico-emocional.

Hay un concepto muy utilizado por la justicia norteamericana llamado ‘angustia mental’, en la que, dependiendo de lo angustiada de la víctima, es el monto de la indemnización, y ahí es donde entra la segunda polémica: ¿cómo determinar o medir la angustia? Si es algo interno y es posible fingirlo, ¿cómo tomarlo como una prueba contundente?

Porque hay que decirlo, habrá funcionarios que deseen sacar máximo provecho y ya sea por venganza o por hacerse de un ‘dinerito’, se dediquen al expertise de demandar y cobrar los ‘daños morales’, ‘angustias mentales’, ‘humillaciones personales’, depresiones y demás cargos ambiguos de esta ley.

No es lo mismo quien demuestre que, por una calumnia, perdió su trabajo, su negocio dejó de vender, ya nadie lo contrata, etc., porque eso sí es más manejable.  Pero ¿no sería lo mismo –hablando en un caso extremo de varias denuncias- que haría esta ley con los dueños de los medios? ¿Dejarlos sin trabajo, sin contratos, sin ventas?

Otra cuestión a considerar es la siguiente: la persona aludida argüirá daño moral, pero la fuente confiable que reveló la información sobre ella, debe permanecer en el anonimato, pues de lo contrario, a esta fuente es a la que le irá mal, es decir, ella es la que sufriría daño moral y seguras amenazas a su integridad y su trabajo.

Asimismo, si como se rumora, el gobernador quiere manejarse principalmente en medios nacionales, habría que considerar que, si a nivel federal esto no está regulado, las caricaturas, rumores y filtraciones, acabarán también en estos medios nacionales, afectando a un mayor nivel, las imágenes de los funcionarios de lo estatal.

En este sentido van parte de las reflexiones que se realizan en Puebla por esta propuesta, en la que varios ponemos nuestras esperanzas en el sentido común y criterio de las respectivas autoridades, que tendrán que estar atentos a todos los medios, incluyendo a Twitter, que tiene funciones vitales en cuestión de construcción de imagen y popularidad (si no, pregúntenle a López Dóriga y su ‘juaytherito’).

Y aunque este ‘medio’ no llegue al grueso de la población, sin duda los líderes de opinión y la clase alta y media (el grueso de los influentes intelectuales, del poder adquisitivo y de los que a fin de cuentas, permean en las decisiones electorales), tienen acceso a él.

Si bien Twitter es un medio un tanto visceral (pues se escribe en el instante lo que se piensa, después de escuchar algo o de experimentar algún suceso)  y que da poco pie al análisis profundo (quién puede hacerlo en 144 caracteres), sí es un importantísimo reporte del status del ánimo colectivo.

Habrá que medir en los llamados ‘medios democráticos’ (redes sociales) el pulso de una sociedad que no está de acuerdo en que se segmente su posibilidad de información.

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