27-02-2021 06:48:04 PM

Oportunidad para dignificar el quehacer informativo en Puebla

Aunque en los años más recientes algunas prácticas periodísticas en Puebla constituyeron importantes episodios de reivindicación de la libertad de expresión, en la práctica es poca su contribución al quehacer democrático de la entidad.

Las innovaciones tecnológicas que han cambiado radicalmente las relaciones entre los medios de comunicación, el sistema político y la ciudadanía, parecen no adquirir mayor significación pero a pesar de las nuevas herramientas se mantiene el modelo de supeditación al poder político vigente desde hace muchos años. La supuesta competencia entre las empresas de comunicación no existe, lo que determina que funcionarios públicos y actores políticos definan y establezcan la agenda pública a su antojo. La capacidad de los medios de influir en las decisiones de voto de la población o incidir permanentemente en la construcción de la opinión pública es limitada, lo que quedó demostrado en el proceso electoral reciente donde el debate fue limitado e inmovilizador, además de que  fueron superados por otras acciones directas emprendidas por los propios partidos, los candidatos y distintos grupos sociales.

De igual modo, la exagerada difusión de estudios de opinión sin sustento para mostrar tendencias en los procesos electorales y aceptación o rechazo a la gestión gubernamental, ha generado suspicacia y desconfianza en la ciudadanía tanto por la manipulación que han realizado los partidos y gobiernos como porque los medios de comunicación se han prestado a una interpretación equivocada de resultados para generar desconcierto.

Ni que decir de la publicidad política en la que -con ganancias económicas considerables- se colabora en la construcción de ilusiones y la impunidad de personajes públicos a pesar de los muy precarios y amargos resultados. En ese sentido, dado que en el proceso de transición democrática la intervención de los medios de comunicación es cada vez más importante, resulta pertinente un momento de reflexión sobre el sentido social de la representación mediática y el verdadero ejercicio de la libertad de expresión en este nuevo momento político de la entidad. Los gobiernos gastan millones de pesos al año en la compra de publicidad y otorgan subsidios a periódicos y periodistas para asegurar la presencia continua de personajes en los mejores espacios de la semana.

También fomentan redes sociales en la red y operan páginas y blogs para la autopromoción. Sin embargo, habría que preguntarse si eso ha beneficiado el quehacer político en nuestro estado y si esas prácticas han demostrado que ahora se tienen mejores gobiernos que antes.

La intermediación de los medios de comunicación es relevante cuando se vuelve consustancial a los procesos políticos y la gestión del gobierno, al tiempo que contribuye a la construcción de la cotidianidad democrática. En cada estado de nuestro país ese proceso es condicionado por el entorno, en el cual se refleja la particular cultura política, los avances en materia de transparencia institucional, el debate de tradiciones e ideologías existentes, así con los modelos de gestión pública, las formas de participación ciudadana y el desarrollo del sistema de comunicación. Por ello, corresponde a la sociedad evaluar el ejercicio de los medios y proponer maneras distintas de actuación para eliminar los vicio0s del pasado que amenazan con adaptarse una vez más a la nueva realidad.


La idea de que la democracia converge en los medios de comunicación ha originado en otros contextos, por ejemplo, una nueva cultura periodística cuya creencia sostiene que acontecimientos particulares de impacto social o político, vinculadas a las formas de actuar de los gobiernos y las diferentes posturas políticas, están interrelacionadas y deben ser consideradas como un referente para explicar el contexto de la vida pública.

En tal forma, la democracia mediática se constituye en un campo de investigación cuyo objeto de interés es la adaptación de los partidos políticos, las instituciones gubernamentales, los congresos, autoridades judiciales y sociedad civil organizada a ese nuevo espacio público de debate, negociación y acuerdo, donde la agenda se determina por la libertad de expresión, la transparencia, el cumplimiento de la ley y la rendición de cuentas. Mediante ella se busca explicar los fenómenos y sus consecuencias, describir las preocupaciones sociales, identificar los asuntos relevantes y difundir los resultados de distintas experiencias.

Así, el proceso de modernización de los medios de comunicación se traduce en un periodismo políticamente más informativo y plural, el cual atrae la atención de una amplia audiencia y guarda celosamente su independencia. Se presenta como un observador objetivo y desinteresado que se interpone entre los líderes políticos y el público y puede hablar con más autoridad y credibilidad por su posición de mayor independencia ante la influencia del gobierno y los partidos políticos. Esto que parece una verdad incuestionable, pareció olvidarse en el último lustro en el espacio público poblano toda vez que durante ese tiempo se reprodujeron los modelos de control, manipulación y negociación de la información política para mantener y sobrevalorar la imagen de un gobierno carente de capacidad, honestidad y recato. Es de esperar que con la transición ?que no alternancia-, cada quien realice su propia autoevaluación y ejerza en el futuro su labor con mayor nivel de responsabilidad, ética y sentido democrático..

joseantonio.meyer@gmail.com

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