Entrada al Cuauhtémoc, negocio personal

En esta temporada, tal y como ha sucedido en años anteriores, la tradición de realizar negocios ilícitos envuelve a personajes ligados con la directiva del equipo de fútbol Puebla.

Se trata del control absoluto de las puertas de acceso al estadio, permitiendo el ingreso al inmueble de personas sin boleto pagado, pero con la tradicional “mochada correspondiente.

¿El operador?

Ni más ni menos que (otra vez), la mano derecha de la familia Bernat, el todopoderoso contador Álvaro Flores.

El control de las puertas siempre ha estado a su cargo y la gente que contrata para checar boletos, aseguran tener la consigna de aceptar dinero para pasar a aficionados que no tienen boleto, de esta manera ingresa dinero que no es detectado y que va directamente a las manos del contador.

De primer mundo ¿no?

Este personaje opera utilizando la misma lógica que algunos comandantes de tránsito: a través de la famosa cuota.

Me explico.

Los encargados de regular la entrada de personas al estadio dicen que tienen que entregar por cada partido una cuota determinada que se define dependiendo del rival en turno y de la expectativa en términos de asistencia.

Este era, precisamente uno de los grandes misterios que no se explicaban los anteriores directivos y que generó aún más desconfianza entre La Chiquillada y los Bernat: el por qué las tribunas se veían siempre llenas o casi llenas y esto no se reflejaba en el dinero que oficialmente se reportaba como ingresos producto de la venta de boletos.

Esta situación también explica las extrañas aglomeraciones de gente que se dan en las puertas de acceso al estadio y que generan un auténtico caos.

Y es que, para mantener el control del negocio, sólo se habilita un número limitado de accesos.

De esta manera se facilita el monitoreo del ingreso de los que no tienen boleto y de calculan de antemano las utilidades que se obtendrán por la maniobra.

Un claro ejemplo de lo anterior se vivió en el primer partido del Puebla en el Cuauhtémoc.

Cientos de aficionados se mostraron molestos por la tardanza para entrar al estadio por el número limitado de puertas en servicio.

Y el domingo contra Santos, volverá a ser igual.

 

CEMITAS AHOGADAS, EN ALCOHOL

Por cierto ¿sabia usted que no todos los vendedores de cemitas en el Cuauhtémoc, venden el producto que prometen?

Algunos usan las canastas para camouflagear su verdadero giro: la venta clandestina de bebidas alcohólicas.

Debajo de los panes están las botellas, los refrescos y los vasos.

¿Cómo se filtra el licor al interior del estadio?

De la misma forma en la que entran los cachirules al estadio y utilizando a la misma gente al servicio de Álvaro Flores.

Por las mismas puertas “autorizadas” ingresan las canastas llenas de licor sin ser sujetas de la menor revisión.

Y al final del partido: las consabidas cuentas y las largas filas de vendedores y encargados de las puertas afuera de la oficina de nuestro patético personaje.

Diría el clásico: qué puercos, qué cochinos, qué marranos.

 

latempestad@statuspuebla.com.mx

 

 

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