24-01-2022 12:20:14 AM

Peligrosos terrenos

            Las declaraciones hechas anteayer por el Presidente Felipe Calderón en una rueda de prensa en su enésima visita a Estados Unidos, arrojan más leña al fuego en un país, de por sí, crispado por la intolerancia y cerrazón de los perredistas comandados por Andrés Manuel López Obrador.

            Por supuesto, no es que no tenga razón el Presidente al decir que los miembros del FAP están haciendo el ridículo y que en nada abonan a un ambiente democrático. Eso y más, desde luego.

            Lo malo es que Calderón ha caído en la trampa pejista una vez más y al más puro estilo de Vicente Fox. Eso era precisamente lo que anhelaba el tabasqueño: Que el Presidente perdiera la calma y que tomara parte activa en el pleito. Y también, de una u otra manera, eso es lo que buscan tanto los ambientes del Yunque como algunos medios de comunicación al fustigar al primer mandatario a que ya haga algo contra López Obrador.

            Y, reitero, sobran ganas de ya meter en orden los desplantes de los diputados, senadores y seguidores de AMLO.

            Sin embargo, eso era justamente lo que querían. Que los descalificaran, que los atacaran y, de ser posible, que los desalojaran violentamente de las Cámaras. Y si de paso les dan algunos macanazos a las violentas “Adelitas” en alguna de sus manifestaciones pues qué mejor.

            En el esquema de la confrontación y la desestabilización, en el que son expertos los perredistas, el hacer caer al adversario en las provocaciones es parte primordial de la lucha, pues les das motivos a tus seguidores a exacerbar más sus ánimos y a comprometerse incondicionalmente en el movimiento.

            Por lo pronto, lógico, ayer mismo ya han anunciado los del FAP que radicalizarán sus posturas. Que la toma de las tribunas solo fue el comienzo y que a partir del domingo próximo, dejarán la fase de la “resistencia pacífica” para comenzar la de la “desobediencia civil”. Que nadie, y mucho menos el Espurio, les va a decir ridículos.

            La pregunta es: ¿Qué es exactamente desobediencia civil? ¿Manifstaciones callejeras? o ¿Tomar Bancos, casetas de peaje en autopistas, bloquear carreteras, estaciones de autobuses, aeropuertos? ¿O de plano no obedecer la ley? ¿No pagar impuestos, pasarse los altos, robar, delinquir, levantarse en armas?

            Aquí mismo ya hemos mostrado encuestas en las que la gente, efectivamente no apoya la idea de privatizar PEMEX, pero no secunda la idea de llegar a actitudes violentas o fuera de la ley por apoyar al movimiento de López Obrador.

            Sí, pero los seguidores radicales del FAP y de AMLO, todos agitadores profesionales, que pueden ser veinte, treinta, cincuenta o cien mil en todo el país, están dispuestos al escenario del enfrentamiento como táctica para hacer que crezca su movimiento. Así han empezado todos los procesos subversivos en el mundo.

            ¿Qué hacer, pues, con un grupo de maximalistas que ataca el orden público constitucional dispuesto justamente a que los repriman?

Si no se les hace caso y se les deja que sigan haciendo de las suyas, el resto de la sociedad dirá que el Presidente es débil y que no sabe tomar decisiones ni defender el estado de derecho. Y por supuesto los subversivos cada vez irán más lejos.

Pero si se les reprime o simplemente se les aplica la ley, se les convertirá en mártires y su movimiento crecerá exponencialmente, con la ayuda de los propios medios, que están buscando cualquier pretexto para subir en rating.

Un serio dilema, como se podrá observar.

La única salida, como en todo conflicto, es, simple y sencillamente, negociar. Pero… ¿hasta dónde y hasta cuándo?

 Terrenos peligrosos se están pisando. Una chispa y se enciende una mecha en una bodega de explosivos.

Y como sociedad ¿cuál es nuestra posición?

 

 

jriverp@yahoo.com

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