Partidos, traidores a Cárdenas

Por Valentín Varillas

 

No, no se confunda.

Es verdad que en el fallido experimento de integrar a Enrique Cárdenas a la vida partidista poblana, existe una larga lista de traiciones y puñaladas por la espalda.

Sin embargo, más allá de la postura mayoritaria, simplista y convenenciera, de etiquetar como traidor a quien fuera candidato a la gubernatura, en esta historia él es el traicionado.

Quienes en los hechos le jugaron las contras a su proyecto, fueron los propios partidos que integraron la coalición que lo lanzó, en una burda estrategia de apoderamiento de los órganos de control interno y de acuerdo con un presupuesto de atractivos beneficios a corto plazo.

El PAN en primerísimo lugar.

La selección de Cárdenas como candidato, se dio a través de un proceso de descarte, es decir, una vez que las figuras y liderazgos del panismo auténtico no se atrevieron a competir en una elección que ellos mismos consideraban de antemano perdida.

Había perfiles mucho mejor posicionados, con mayores niveles de conocimiento e intención de voto, que, en plena etapa de definiciones, confesaban en corto que “ni de locos” iban a hipotecar su futuro político, sacrificándose estoicamente “por nada”.

Ellos saben mejor que nadie, que las victorias obtenidas por los candidatos que compitieron bajo las siglas de su partido, en tiempos de Rafael Moreno Valle, se debían a la operación de una estructura propia, ajena a la del PAN, que jugaba únicamente a favor de los intereses del grupo político del ex gobernador y que se acabó con su muerte.

Están conscientes que los 38 puntos porcentuales de votación que obtuvo el año pasado Martha Érika Alonso, se debían realmente a este fenómeno y no al sufragio entusiasta de militantes y simpatizantes.

Labor titánica ganar con esos números, teniendo enfrente a un candidato emanado del mismo partido del presidente de la República más legítimo y con mayores niveles de aceptación en los últimos sexenios.

Por eso, necesitaban de alguien prescindible, sacrificable y así no quemar un cartucho propio.

Mucho menos en estos tiempos en donde, acabado el morenovallismo, el panismo tradicional se frota las manos para volver a ser el amo y señor del blanquiazul.

Todo esto, por supuesto, se dio con el visto bueno de Marko Cortés, aquel que se mostró consternado por la muerte de Rafael y Martha Érika, pero que en los hechos respira más tranquilo al no tener ya quien le dispute el control y toma de decisiones en el PAN nacional.

Es evidente que nadie tuvo la decencia de informarle a Cárdenas las condiciones reales que marcaron su designación como candidato.

Lo engañaron de principio a fin.

Más allá de lo mediático, jamás se sumaron realmente a él, no cerraron filas alrededor de su oferta política, tampoco maximizaron su capacidad de operación electoral.

Hoy, su derrota significó el mejor escenario para ellos.

¿Y entonces?

¿En qué quedamos?

¿Qué fueron en realidad?

¿Traicionados o traidores?

 

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