El morenovallismo, de fiesta

Por Valentín Varillas

 

Víctima del tradicional proceso de canibalismo que históricamente ha caracterizado a la izquierda poblana, el Movimiento de Regeneración Nacional llega dividido, fracturado, al momento cumbre de cara a la coyuntura electoral del 2018: el proceso de selección del candidato a la gubernatura.

Y el morenovallimo ya festeja, faltaba más.

Con una dirigencia estatal cómoda a los intereses del ex gobernador y aspirante a candidatura presidencial y con protocolos poco claros en el reparto de nominaciones, se ve difícil que el partido de López Obrador pueda plantarle cara al oficialismo poblano, obsesionado por implantar un auténtico maximato en el estado. Con todo y el natural arrastre que la figura “del Peje” tendrá en el desempeño electoral de quien al final resulte electo aspirante al gobierno poblano.

No les va a alcanzar, lo cual en términos reales resultaría una tragedia para el sistema de partidos en Puebla y para la realidad de un partido que se enfrenta a la oportunidad histórica, pero única, de despachar en Casa Puebla .

En una anterior entrega, le comenté del “secuestro” que vive el partido por parte de Gabriel Biestro y Rodrigo Abdala, lo cual quedó demostrado el pasado domingo con el resultado de su asamblea estatal.
Una convenenciera meritocracia se impuso, alejada completamente de los criterios de rentabilidad electoral que pudieran maximizar el número de votos de Morena y que le permitiría ser más competitivo ante un morenovallismo que no solo tiene una estructura de operación electoral que funciona todavía con precisión, sino que cuenta con el presupuesto estatal como “caja chica” para financiar las acciones que sean necesarias para amarrar su triunfo en Puebla.

Sí, también como publiqué hace unos días, a la selección de la terna de potenciales candidatos viene la facultad del CEN de sumar a dos perfiles más, para tener una lista final cuyos integrantes serán medidos a través de encuestas.

Esto sugiere un escenario en donde una decisión absolutamente centralista pueda decidir el candidato y se abra la posibilidad de que se cuele algún personaje con estructura de operación y mejor posicionado en términos de conocimiento e intención de voto.

De darse lo anterior y por más devoción que se tenga a los designios de Andrés Manuel, la fractura al interior del Movimiento estaría garantizada, lo que redundaría también en una menor votación potencial del candidato.

Hay “liderazgos” que trabajan con el objetivo de mantener a como dé lugar el control del partido -y por lo tanto sus canonjías y privilegios personales- sin importarles las consecuencias.

Y le jugarán las contras al candidato si sienten que sus intereses pueden verse afectados.

Peor imposible.

Parece que Morena, en lo que a Puebla se refiere, vive una especie de sino fatal que le impide obtener triunfos concretos en el estado, aun cuando tiene el respaldo social suficiente para convertirse en una opción electoral real para cientos de miles de poblanos.

El “todo o nada” que se juega López Obrador en la búsqueda de la presidencia debería de ser un llamado de atención a los líderes de su partido para buscar maximizar el número de votos a su favor, en un estado que aporta una buena cantidad de ellos al padrón nacional.

Ya que todo parece indicar que no quieren ganar el gobierno poblano, por lo menos deberían de ayudar a su mesías a prolongar por seis años más su inminente retiro de la política nacional.
¿O no?

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