Algunas verdades irrefutables en el caso Mex-mode

Dirigente Nacional del Movimiento Antorchista

MEX-MODE es una maquiladora de ropa deportiva, propiedad de inversionistas coreanos y ubicada en la ciudad de Atlixco (Puebla), cuyos trabajadores, después de aguantar por muchos años, finalmente decidieron sacudirse al sindicato charro que los oprimía. En esta lucha justa y, además, totalmente apegada a derecho, los obreros de MEX-MODE han contado, pero sólo en los últimos dos meses o poco más, con la asesoría y el apoyo moral, político y material del Movimiento Antorchista poblano. Por este “delito”, los medios de información más influyentes de Puebla han desatado una verdadera y furiosa guerra en contra de los antorchistas atlixquenses y poblanos, acusándolos de todo. De ser los causantes del conflicto a través de una campaña previa de agitación; de tener las “manos metidas” en un asunto en el que “nada tienen que ver” y en el que sólo buscan beneficios personales; de recurrir a “grupos de choque” y al “acarreo”, para obligar a los obreros a reunirse y a votar en contra de la “dirigente legítima” Josefina Hernández; de haber logrado el desconocimiento de ésta última en una asamblea donde la inmensa mayoría eran “puros antorchistas acarreados” y de estar “presionando ilegalmente” a las autoridades laborales poblanas para que les “cumplan su capricho” de reconocer a un sindicato ilegítimo. Eso dicen los medios.

Con este florido ramillete de “elogios”, los medios poblanos de mayor circulación e influencia (las televisoras locales más que la radio) están gritando a los cuatro vientos, sin recato ni rubor, de qué lado están sus intereses y sus simpatías. A la cabeza de este ejército, que tan gallardamente se bate en contra de los obreros de MEX-MODE y de quienes se atrevieron a brindarles su apoyo y solidaridad, marcha la prensa “de izquierda”, la que se dice identificada con las mejores causas de los pobres y oprimidos de nuestro país y ligada al “partido cercano a la gente”, el PRD: me refiero a diarios como La Jornada de Oriente (que vive de atacar a Antorcha desde hace mucho tiempo) y otros menores que los imitan y los siguen. Para ellos, el conflicto de MEX-MODE no tiene legítimo sustento; todo se reduce a una maniobra de los antorchistas y a la ingenuidad de los obreros que, como “borregos”, se dejan manipular por el primero que los aborda. Estos “formadores de opinión” se pasan tranquilamente por en medio de las piernas las denuncias de los obreros (no de Antorcha) sobre la terrible situación de pobreza en que se debaten, los bajísimos salarios que devengan, las extenuantes jornadas de trabajo, la casi nula existencia de prestaciones elementales tanto dentro como fuera de la fábrica y, encima de todo esto, los malos tratos y los abusos de “su líder” Josefina Hernández.

Por su parte, los empresarios coreanos, que avalan los ataques y calumnias de los medios a su servicio, pecan de una vista muy corta en la defensa de sus intereses. Su negativa rotunda a reconocer al nuevo sindicato, libre y democráticamente elegido en una asamblea presidida por la Junta Local de Conciliación y Arbitraje de Puebla, y su insistencia en sostener al viejo charrismo repudiado por sus trabajadores (con o sin Josefina, dicen), son prueba irrefutable de que no ven, o no quieren ver, la realidad que hay detrás del conflicto, esto es, que la política seguida hasta hoy por ellos (charros y patrones) está ya totalmente agotada y no garantiza la estabilidad de la empresa ni el incremento sostenido de la productividad; que es necesario, por tanto, cambiarla por otra más moderna, más eficaz, que dé a la gente nuevos incentivos para trabajar más y mejor. Si quisieran o pudieran ver así las cosas, se darían cuenta que la presencia de Antorcha en el conflicto (totalmente legítima por lo demás), lejos de ser una amenaza es una bendición para los intereses de su empresa, pues es ella la que representa esa renovación política y de manejo de personal que los obreros están demandando.

Finalmente, la amenaza de cerrar e irse con su música a otro lado si no se le garantiza el charrismo obsecuente tipo Josefina Hernández, además del craso error que ya dije, es una pretensión totalmente ilegal, un intento abierto y público de violar la ley en la materia, puesto que ésta no faculta de ningún modo a la parte patronal para intervenir en la vida sindical de sus empleados, y menos para imponerles el sindicato que a sus intereses convenga. La férrea defensa de Josefina Hernández (o de su central “revolucionaria”, la UNT), es también confesión pública del maridaje descarado entre charros y patrones para oprimir a los obreros, y es, por tanto, una prueba más de la razón que asiste a éstos al querer deshacerse de semejante “representante”. Finalmente, esa amenaza es un chantaje para las autoridades laborales y el propio gobierno poblano con el fin de obligarlos a violar la ley en perjuicio de los trabajadores. Si eso llegara a ocurrir, habría quedado claro quién manda, en material laboral, en este país; y el gobierno habría quedado en el más escandaloso ridículo.

Por todo eso, la única salida justa, legal y decorosa para todos, que garantice además la paz, la estabilidad y la productividad de la empresa, es reconocer al sindicato libremente elegido por los trabajadores. Antorcha Campesina no es el grupo violento e irresponsable que dicen sus enemigos y que creen los coreanos de MEX-MODE, ni alguien que ande buscando guerra con los empresarios para cerrar fábricas. Eso es un puro absurdo. Sabemos conducir, y conducir bien, un sindicato democrático en beneficio de ambas partes; prueba de ello es que hace años que asesoramos a varios sindicatos importantes cuyo nombre me callo por razones obvias, y que, en todo ese tiempo, las empresas respectivas no han tenido una sola queja seria en contra nuestra. Así que, señores de MEX-MODE, su empresa no está en peligro sino al contrario; y lo único que tendrán que hacer es aprender a dialogar con sindicalistas dignos, honestos y auténticos representantes de sus compañeros, pero conscientes, al mismo tiempo, de que la empresa tiene metas legítimas que ellos (los obreros) tienen que ayudar a cumplir.

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