Por Rosa María Lechuga
En las calles de Paris, se observa una fe desbordada. Estandartes, banderas de los bretones, túnicas, paliacates, bolsas llenas de comida, contingentes religiosos de todos los rincones de Francia.
Una fe exacerbada que sale a la luz al inicio del otoño en la capital francesa en sábado de misa en la Plaza de la Concordia por el Papa Léon XIV.
Quien diga que en Francia el catolicismo está muerto, se equivoca.
Una antesala de 80, 000 jóvenes vibrando en el estadio de Saint-Denis. Los barrios de Odeón, Saint Germain de Près, de Saint Michael, vitoreando a la máxima autoridad católica, el jerarca Léon XIV en el papamóvil, es testimonio de una devoción del pueblo francés.
Nôtre Dame fue un guiño al corazón de Léon XIV, por el tesoro que guarda para el catolicismo del mundo entero y que fue rescatado aquel fatídico 15 de abril de 2019, la corona de espinas, que vio, tocó y besó.
Portier y Willaime explican que Francia puede ser catalogada como católica con una sociedad laica, o bien, un país laico de cultura cristiana católica.

Lo cierto es que ver a miles de familias reunidas, cómo si se tratara de un día de campo, con su comida, sus sillas, manteles pero sobre todo, una actitud de esperanza por presenciar la misa sobre la avenida Campos Elíseos, deja entrever que la religión sigue siendo un factor que une.
Se sentía un ambiente de regocijo, de hermandad, de júbilo, de catarsis en una ciudad donde todo corre tan rápido, donde todo cambia en un abrir y cerrar de ojos, donde todo parece efímero.
¿Es Francia, la hija predilecta de la Iglesia católica?
Un millón de personas se dieron cita en la avenida más famosa del mundo para recibir al papa de origen peruano, quien a su paso por el Eliseo, recordó la importancia de la diversidad religiosa y el reconocimiento de parte de la República francesa, del catolicismo que sigue vivo.
Fueron muchas las personas confesándose en las calles aledañas a la Plaza de la Concordia. Fueron muchas personas enfermas que buscaron la imagen del Papa, hermano de los migrantes. Un papa libre para expresarse, para saludar, para caminar, para cansarse y hasta llorar.
Hoy no ha sido un buen día para la extrema derecha en Francia, porque el ser cristiano, católico y protector de los refugiados, de los migrantes, es lo que enarbola Léon XIV, lo que la Iglesia en Roma, ha delineado como uno de sus principales ejes de acción.
Léon XIV, el papa que no llama al pobre, pobre, sino hermano.
Léon XIV, el papa que llama al ser humano, ser humano.
León XIV, el hombre que vino a confirmar, lo que se sabe, que Francia sigue siendo uno de los bastiones fuertes del cristianismo católico.
Incluso por encima de México, y si no, basta ver los sesudos estudios del Pew Research Center en su proyecto global de religión, donde la población francesa le da una prioridad a la religión del 39 % contra 27 % del país azteca.
Ya va siendo hora de derribar mitos.
Y Léon XIV ha sido testigo de ello.