Por Valentín Varillas
La sequía de cuadros competitivos al interior de Acción Nacional ha hecho crisis.
Nada nuevo: se trata de un escenario que se veía venir desde hace años, pero que hoy se reconoce y asimila a niveles estatutarios.
No pueden ser competitivos con uno de casa si intentan dar pelea en la presidencial del 2030.
No hay manera.
No tienen estatura, credibilidad, ni arrastre social.
Desde que dejaron el poder en el 2012, han ido dilapidando capital político de manera sistemática.
Se dedicaron a cuidar sus privilegios de grupo, a reciclar nombres, a promover perfiles grises y a replegarse en círculos cerrados, privilegiando la lealtad por encima del talento.

Bajo esta lógica, echaron a andar candidaturas débiles que llevaban a cabo campañas sin narrativa y que tuvieron como resultado una desconexión alarmante con la ciudadanía.
Así, perdieron sistemáticamente posiciones en todo el país.
Ya no quedan liderazgos panistas capaces de entusiasmar y es imposible generarlos como por arte de magia en el corto plazo.
Agotados quedaron aquellos “semilleros” que tanto presumían.
Fueron cooptados y capturados por las distintas tribus que han llevado las riendas del partido; las que históricamente han privilegiado las cuotas por encima de los méritos.
Por eso, la apertura a las candidaturas ciudadanas se vuelve un estrategia de supervivencia política.
No es, ni de cerca, un ejemplo de inclusión ni una concesión.
Buscarán entonces liderazgos en lo social, lo empresarial, lo académico y demás, en un intento desesperado por oxigenar su propuesta con ideas diferentes, frescas, que atraigan a un sector de votantes que exceda en número al que tradicionalmente vota de manera sistemática en contra del oficialismo.
Ya no les alcanza con ser una oposición reactiva.
Tendrán que diferenciarse del resto de los partidos, ofreciendo más; mucho más.
Habrá que ver si la apertura que hoy venden es real o sólo cosmética.
Un candidato ciudadano necesita la libertad suficiente para diseñar y operar una estrategia electoral efectiva, lo que podría ir en contra de algunos postulados y principios inamovibles para la derecha nacional.
Sera interesante analizar si tienen los arrestos necesarios y la humildad, para que el experimento tenga posibilidades de funcionar.
Tendrán que entender que no hay nobleza alguna en administrar la decadencia y que corren el riesgo real de convertirse muy pronto en un partido absolutamente marginal.

