11-02-2026 09:17:45 AM

¿Por qué poblanos vendrían los gringos?

Por Valentín Varillas

Diría el clásico: “imaginemos cosas chingonas”- aunque en los hechos sean poco probables.

Planteemos el escenario de que, de verdad, el gobierno norteamericano pretenda combatir de frente a las organizaciones criminales y a sus aliados insertados en la política, el servicio público y la vida empresarial nacional.

Más allá de intereses particulares y conveniencia selectivas.

En este contexto, Puebla sería una auténtica Caja de Pandora.

Aquí habría materia prima de sobra para alcanzar estos objetivos, si existiera realmente la voluntad.

De entrada, con el tema del huachicol.

 

El tradicional y el fiscal.

Ese que todavía goza de cabal salud en varias zonas del estado y en el que están metidos de cuerpo entero políticos en funciones, además de autoridades de todos los niveles de gobierno, civiles y militares.

Combatirlos de frente supondría no sólo llevarlos a rendir cuentas ante la justicia, sino desmembrar toda la estructura que opera a su alrededor para lavar los recursos ilícitos que genera.

Y es un mundo.

Abogados, contadores, notarios y factureros que triangulan los recursos que se invierten en empresas, desarrollos inmobiliarios, restaurantes, antros y demás.

Si fueran por ellos, veríamos caer a todo tipo de personajes que han hecho multimillonarias fortunas en tiempo récord y que hoy se dan ínfulas de pertenecer a la crema y nata de la sociedad poblana.

Ahí andan exhibiéndose felices, despreocupados, sabedores de que gozan de absoluta impunidad y de que el esquema de blanqueo de capitales del que forman parte, seguirá generando dividendos por los siglos de los siglos.

Un modelo que lleva décadas de vigencia, más allá del partido que gobierne el estado.

Puebla fue considerado por muchos años como un paraíso intocable para los brazos armados de los cárteles de la droga.

Aquí vivieron los capos más importantes y sus familias, lo cual hizo que nos creyéramos aquel espejismo de que estábamos ajenos a una realidad nacional muy complicada en materia de seguridad pública.

Pero como nada dura para siempre, pronto nos topamos con nuestra más cruda realidad.

Cambió la ecuación, se dieron los relevos naturales en los liderazgos, tanto políticos como en el organigrama de las organizaciones delictivas y Puebla se tiñó de rojo.

Un color que todos los días encontramos en las historias de sangre y horror que forman parte de nuestra vida cotidiana.  

Si los gringos vinieran y se pudieran llevar a todos los poblanos que, directa o indirectamente le entregaron el estado a los criminales, en una de esas faltarían celdas.

¿Quién pondría el candado?

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