10-02-2026 08:25:25 PM

Desarticular a AMLO

Por Valentín Varillas

 

La defenestración de Adán Augusto López es el primer gran golpe de timón que da la presidencia Sheinbaum en aras de ejercer plenamente las facultades inherentes a su cargo.

Y esto no tiene nada que ver con lo que los gringos decidan hacer con él.

Aquí, en el país, la jefa del ejecutivo federal le pegó de lleno a la nefasta herencia política de Andrés Manuel, al quitarle la coordinación parlamentaria del grupo mayoritario en el senado de la República al auténtico hombre fuerte del sexenio anterior.

Una coordinación que le jugó las contras en temas prioritarios para Palacio Nacional como la reelección y el nepotismo, en donde se comportó como un abierto y descarado opositor.

Ya no más.

Ahora, vivirá una realidad muy distinta, completamente diferente a la era dorada que disfruto mientras su paisano, amigo y cómplice gobernaba el país.

Si el tabasqueño forma parte de aquella famosa lista de políticos ligados al narco que serán entregados a Estados Unidos, le irá muy mal.

Si no, tendrá que tragar sapos haciendo trabajo de operación electoral de campo a favor de los candidatos que le imponga la presidenta.

Y sin chistar.

No tendrá ni voz ni voto en el análisis de los perfiles que serán evaluados para competir en el 2027.

Y es evidente que le van a exigir que dé resultados o que se atenga a las consecuencias.

Porque no sólo del otro lado de la frontera se tiene materia prima de sobra para ponerlo tras las rejas.

Se trata  de una muerte política en vida, el peor escenario para quienes llevan décadas dedicándose a la “cosa pública”.

Que no le quepa la menor duda: el deslinde es real y la actual jefa del ejecutivo federal lo está llevando a cabo desde el fondo y no desde la forma.   

Utilizando las facultades que tiene sobre las instituciones públicas del Estado mexicano.

La red de huachicol fiscal que operó con total impunidad en el sexenio pasado, está compuesta de vínculos políticos, de amistad y sobre todo familiares de Andrés Manuel.

Su sistemático e inminente desmantelamiento, ordenado y operado desde su oficina y con sus incondicionales, es un madrazo durísimo a la línea de flotación del anterior grupo en el poder.

Se hundirán irremediablemente.

Dejarán de percibir los millones que entraban alegres a sus finanzas personales y además, no tendrán cabida en el futuro político del movimiento.

La prueba más clara de lo anterior es el autoexilio de Andrés Manuel López Beltrán, producto del miedo que supone la posibilidad de que sea otro de los objetivos prioritarios de Washington.

Se sirvieron con la cuchara grande, en todos aspectos, pero ya no más.

Aunque les duela, ya se les acabó.    

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