10-02-2026 09:02:23 AM

Pablo Gómez: el fracaso

Por Valentín Varillas

 

Si la cabeza de Pablo Gómez al frente de la comisión presidencial que analiza la reforma electoral es el precio a pagar para que exista una modificación importante en la iniciativa, le saldrá muy barato a la presidenta Sheinbaum.

Este personaje, que recibió la encomienda de cabildear, negociar y forjar puentes de entendimiento con las distintas fuerzas y actores políticos del país, lo complicó todo.

Empantanó los avances con posturas fijas, inamovibles y dogmáticas, que pareciera tienen la intención de regresar a México a un pasado autoritario en teoría ya superado.

Él que vende que se forjó en la política criticando y luchando en contra de la era de hegemonía unipartidista, impulsando reglas más democráticas y pluralidad en el sistema de partidos, hoy busca la destrucción del sistema electoral para servir a un proyecto político que busca eternizar en el poder al partid en el gobierno.

De locos.

Gómez tuvo la oportunidad de acceder a un cargo público gracias a las modificaciones legales que le dieron representación a las minorías y fueron acabando poco a poco con la hegemonía priista.

Fue parte de la primera generación de diputados plurinominales, lo que abrió el sistema electoral a otras fuerzas políticas distintas al tricolor.

Hoy quiere acabar con la representación que en su momento le permitió el inicio formal de su vida política.

Vaya paradoja.

Es muy probable su relevo en la encomienda que le dio la presidenta de la República.

Su nombramiento se leyó siempre como una posición de López Obrador, no de ella.

Y como ha sido la constante en sus más recientes encargos, Pablo Gómez fracasó.

También hizo un ridículo espectacular cuando lo hicieron titular de la Unidad de Inteligencia Financiera de la SHCP.

Ahí lejos de cumplir con su responsabilidad con el país, encubrió a personajes del círculo cercano de AMLO, involucrados en varios ilícitos.

No se explica de otra forma que no haya querido ver cómo, en sus narices, instituciones financieras, servidores públicos y empresarios lavaron dinero de los cárteles de la droga y de las bandas que operaron el huachicol fiscal, con total impunidad.

Un cómplice descarado.

Una muy conveniente figura decorativa que, por el bien del país, urge que se retire de una vez y para siempre.

Ojalá y que así sea.   

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