06-03-2026 09:32:41 PM

Hipocresía empresarial

Por Valentín Varillas
 
 
El evento y la foto no son recientes, pero el simbolismo queda.

Han sido los propios colegas, compañeros, amigos cercanos y familiares de los presentes, los que se han encargado de propagarlo.

Y sobre este hecho, tienen todo tipo de lecturas: en la forma y en el fondo.

De entrada, les llama la atención que quienes ahí aparecen hayan aceptado la invitación de asistir a un evento de la presidenta de la República.

Ellos que en su mayoría son acérrimos críticos y detractores de su gobierno.

Es evidente que no conocen los protocolos básicos que norman las relaciones entre el poder político en todos sus niveles y la actividad empresarial.

Más allá de colores, partidos, logos e ideologías, es muy difícil decirle que “no” a una actividad que tiene como invitado o invitada especial al jefe o jefa del ejecutivo federal.

Así ha sido siempre y esto no va a cambiar.

Sin embargo, lo que más les duele a sus cercanos es el fondo.

Esperaban que alguno de los asistentes hubiera sido capaz de replicar delante de Sheinbaum, lo que dicen en reuniones, asambleas, juntas, comidas y cafés.

Claro, de manera respetuosa y propositiva, como el acto lo ameritaba, pero a la vez de forma muy clara y puntual.

Y les llama la atención el hecho de que ninguno se atrevió.

Que guardaron un silencio que consideran cómplice.

Entienden que su mutismo convalida la manera en la cual se están llevando las riendas de la política económica nacional, algo que dista mucho de la realidad.

Ya en el colmo de la indignación, no comprenden tampoco por qué no le hicieron llegar a la presidenta su molestia sobre lo que pasa en Puebla.   

Porque en corto juran y perjuran que están inconformes también con el gobierno de Alejandro Armenta.

Se quejan de la realidad que vive el estado en materia de seguridad pública, de inversión y de procuración de justicia, pero no tuvieron los arrestos para planteárselo a quien despacha en la oficina principal de Palacio Nacional.

Perdieron una oportunidad de oro para poner sobre la mesa alternativas de solución viables, que involucren de manera integral a los dos niveles de gobierno.

En fin, ya será para la otra siempre y cuando alguno de ellos llegara a sufrir un súbito arrebato de congruencia.

Mientras, pensaron que calladitos se veían más bonitos, pero le dieron pena ajena a quienes, desde hace años, los oyen despotricando sistemáticamente en contra de los gobiernos de la 4T.

Pobrecitos.

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