Por Valentín Varillas
México dejó de ser independiente, libre y autónomo desde hace más de cuatro décadas.
Nuestra realidad se jodió cuando los políticos decidieron volverse socios de las organizaciones criminales.
Y éstas, se infiltraron en prácticamente todos los espacios de nuestra vida como país.
En el público y en el privado.
Pervirtieron a las instituciones del Estado mexicano y al entramado “democrático” nacional.
Deciden, a sangre y fuego, quiénes sí y quienes no pueden llegar a aparecer en una boleta.
Vetan y votan candidatos a placer y de acuerdo a sus intereses, nunca tomando en cuenta el de los ciudadanos.
Operan, en los hechos, como El Gran Elector.
Su palabra es la ley, aunque nunca se va a reconocer en el discurso público.
Se adueñaron igualmente de parte importante de de la actividad productiva nacional.
El blanqueo de dinero, hoy insertado en todo tipo de empresas, genera empleos, paga impuestos y sostiene una gigante estructura de operación que le da sustento a millones de mexicanos.
Vaya espejismo.

Se benefician también del éxito de terceros.
De los que operan sus empresas y negocios apegados a la ley.
Ganan cientos de millones a través del cobro de extorsiones a quienes se atreven a ejercer el derecho constitucional al libre trabajo.
De locos.
Gustan poco o nada los análisis de este tipo, pero todos los días se dan historias que comprueban todos y cada uno de los puntos que los componen.
Negarlos, sería una enorme falta de respeto a los ciudadanos que vivimos con toda contundencia esta complicadísima .
El enemigo no ha estado, ni estará afuera.
Es interno y se le ha apapachado, cuidado y protegido desde lo más alto de la política y del servicio público.
La mejor defensa de nuestro territorio hubiera sido combatirlos de frente, antes de que se convirtieran en este tumor canceroso que ya ha hecho metástasis.
Así no habría hoy pretextos intervencionistas ni amenazas de invasión.
No hicieron la tarea, ni los de antes ni los de ahora.
Le entregaron el país a la delincuencia y ya no alcanza envolverse en el lábaro patrio como distractor para evadir responsabilidades.
Hoy, simplemente, se cosecha lo que se ha sembrado.
Lo que se les viene.


