25-05-2026 06:48:12 AM

Jodieron Puebla, ya infiltraron Quintana Roo

Por Valentín Varillas

 

Raciel López Salazar es el Fiscal General de Quintana Roo.

Antes, fue el encargado de operar la estrategia de seguridad pública en Puebla.

Encabezó al tristemente célebre grupo de chiapanecos que Miguel Barbosa trajo para combatir a la delincuencia.

Hicieron de todo, menos eso.

En los hechos, desde la dependencia en donde se enquistaron operaron una auténtica mafia que les dejó ganancias millonarias.     

En el penal de San Miguel permitieron la creación de celdas VIP en donde los reos pagaban hasta 15 mil pesos al mes por vivir en “suites” con derecho a drogas, alcohol y prostitución.

En ese tiempo sólo se detenían a ciertos criminales, para dejarle el control de la comisión de todos los delitos de alto impacto a bandas relacionadas con el Cártel de Sinaloa.

En sus catorce meses en territorio poblano se dispararon las ejecuciones, la extorsión y el narcomenudeo, como nunca.

Poco después de su salida del estado, Alfonso Agustín Rustrián, quien fuera el director administrativo de Raciel en la policía poblana, fue detenido en Guatemala y extraditado a Estados Unidos por trabajar para esa organización delictiva.

Y así, con estos antecedentes, en junio de 2023, la gobernadora de Quintana Roo, Mara Lezama, lo nombró Fiscal del Estado.

Y la historia, faltaba más, se repitió.

Raciel llegó acompañado por el mismo equipo de “chiapanecos” que Barbosa corrió de aquí.

Hoy, en Quintana Roo, las quejas son exactamente las mismas: activistas y locales denuncian que la Fiscalía fabrica culpables, que las balaceras en Cancún, Tulum y Playa del Carmen no paran, que la venta de drogas a plena luz del día es ya descarada, que la extorsión y el cobro de derecho de piso son una auténtica plaga y que la institución parece más preocupada por proteger los intereses de ciertos grupos que por dar seguridad.

Se trata de la misma fórmula de simulación y corrupción que jodió Puebla, aplicada ahora a uno de los polos turísticos más importantes del país.

Imagine el potencial de negocios, a cambio de seguir garantizando impunidad.

Ahí operan con total libertad células importantes del cártel de Sinaloa y del Jalisco Nueva Generación.

Y lo controlan todo.

Hasta la mafia taxista que se adueñó ya del aeropuerto de Cancún.

Misma fórmula, distinto estado.

¿Por qué las cosas tendrían que ser diferentes?

Y luego se victimizan, lloran y se tiran al piso, cuando se asegura que en México los pactos y sociedades entre el poder político y los delincuentes se ha convertido en la única institución realmente sólida de este país.

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