17-05-2026 08:18:17 PM

Deshonestidad

Por Jesús Manuel Hernández

Las revelaciones en torno al caso del gobernador con licencia de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, militante activo de Morena, han desatado una ola de versiones y especulaciones, con el enfoque de que Morena protege la deshonestidad.

Paralelamente aparece la promoción en redes sociales de las filtraciones de fotografías de los hijos del ex presidente López Obrador gozando de lujos excesivos en tiendas diseñadas para millonarios.

Aquellas sentencias de “austeridad” y de “no mentir”, cruzadas con “primero los pobres” parecen parte de la historia remota de México que han sido desplazadas por hechos donde los personajes, protagonistas del movimiento están identificados con la corrupción, con el narcotráfico, con la mentira.

Por ende aquello de “no somos iguales” empieza a traducirse en un eslogan popular: “no son iguales, son peores”.

La oposición a Morena disfruta de los ataques y ayuda, a veces desde lo oscurito a aumentar la percepción y poner en jaque la agenda presidencial, que por demás no solo recibe presiones externas, muchas más, según se ve, desde dentro, desde los confines de los llamados “origenes de Morena”.

Curiosamente la percepción que va tomando terreno es que Claudia Sheinbaum está en medio de dos fuegos, el de los Estados Unidos y el de los morenistas que no acaban de aceptar un nuevo liderazgo y una aportación con otra visión sobre cómo hacer política.

Si Rocha Moya debe ser juzgado en México o no, es el tema actual. Si la llamada “soberanía” está siendo vulnerada, se contrapone con la crítica de quienes ven que los narcopoíticos han cooptado territorios e impuesto su propia soberanía.

Todo esto provocó que la Presidenta de México hablara el sábado en Yucatán, por 20 minutos, para fijar una posición que afecta a muchos de los militantes activos, léase funcionarios, del movimiento. Dijo Sheinbaum: “Ninguna persona que no sea honesta, que no sea honrada, puede esconderse bajo el halo de la transformación del pueblo de México”, o sea, los corruptos e incongruentes no tienen cabida en Morena, y esto va contra todos los apellidos.

Hace muchas décadas en la entonces Universidad Autónoma de Puebla, algunos de los miembros del Partido Comunista eran criticados por la derecha poblana cuando se sabía de los “negocios” auspiciados desde la izquierda al interior de la institución y corría un aforismo coloquial donde el fundador del marxismo de nombre Carlos, era uno de los protagonistas y el otro, también Carlos, de apellido Trouyet, era el representante más famoso del capitalismo mexicano en la década de los 60 del siglo pasado.

El aforismo decía: “Ser como Carlos Marx de joven y como Carlos Trouyet de grande”. Es decir, los jóvenes eran marxistas hasta que conocían las bondades del pragmatismo capitalista.

Quizá hoy esté pasando lo mismo en Morena.

O por lo menos, así me lo parece.

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