Por Yasmin Flores Hernández
A usted que me escucha y me lee, hoy quiero hablarle de un suceso importante, Puebla enfrenta un reto que ya no puede ignorar: una movilidad saturada, con trayectos de hasta dos horas en rutas terrestres congestionadas, pendientes pronunciadas y colonias periféricas históricamente aisladas.
El Cablebús de Puebla avanza con paso firme.
Puebla debate una de las obras de movilidad más ambiciosas de las últimas décadas: un sistema de transporte por cable.
Con una inversión de 6,752 millones de pesos en 13.61 km, cuatro líneas, nueve estaciones y tecnología de punta (cabinas de 10 pasajeros con WiFi, cámaras y botón de pánico), el proyecto del gobierno estatal representa una oportunidad histórica para modernizar la movilidad en una ciudad de pendientes, barrancas y zonas periféricas mal conectadas.
Mientras algunos lo ven con escepticismo, la experiencia del Cablebús de la CDMX es el referente más cercano y exitoso en México, demuestra que migrar hacia esta tecnología no es un lujo, sino una necesidad inteligente para ciudades del siglo XXI.
El Cablebús de la CDMX, inaugurado en 2021, no es teoría. Es una realidad que ha transportado más de 160 millones de viajes en cinco años y sigue expandiéndose.
¿Resultado?
Reducción drástica de tiempos de viaje: de hasta dos horas en combi o tráfico a solo 20-45 minutos en cabina. En Iztapalapa y Gustavo A. Madero, zonas de alta densidad y marginación similares al nororiente de Puebla, miles de personas ahora llegan antes a su trabajo, escuela o hospital.
Económicamente, es un ganador.
El costo operativo por pasajero es de apenas 8.73 pesos, más barato que el Metro (15.30 pesos), Metrobús (11.50) o RTP (17.70). Los usuarios gastan menos por viaje y ganan tiempo que pueden invertir en familia, estudio o descanso.
La CDMX no se detiene.
Ya planea Líneas 4, 5 y 6 que serán de las más largas del mundo, beneficiando a cientos de miles más.
Si esta tecnología ha triunfado en una metrópoli caótica como la capital, ¿por qué Puebla más compacta y con topografía ideal para teleféricos no puede lograrlo?
¿Es la solución que la ciudad necesita o un proyecto con más sombras que luces?
¿O realmente esta mal planteado el proyecto y por ende mal entedido?
Aquí un análisis equilibrado de sus pros y contras, basado en datos oficiales, críticas de expertos como el Instituto para la Gestión, Administración y Vinculación Municipal y la opinión pública dividida (64% a favor según encuesta de la BUAP, pero con protestas activas).

Los Pro: Las ventajas que defiende el gobierno y sus simpatizantes.
El Cablebús se presenta como un salto tecnológico hacia una movilidad más moderna y sostenible, analicemos:
- Reducción drástica de tiempos de viaje: Conectará el nororiente (La Resurrección, Xonaca, Amalucan) con Angelópolis, el centro y puntos clave como la BUAP y el Parque Ecológico. Pasar de hasta dos horas en tráfico a solo 25 minutos en cabina es un beneficio real para miles de trabajadores, estudiantes y familias de colonias populares.
Mejora real en la calidad de vida:En CDMX, el Cablebús ha transformado zonas de ladera como Iztapalapa y Gustavo A. Madero.
La Línea 2 (Constitución de 1917 a Santa Marta) movilizó casi 23 millones de pasajeros en 2025.
La Línea 1 transportó 19.3 millones de pasajeros.
En total, las líneas operativas han movido decenas de millones anuales, reduciendo viajes de hasta 2 horas a 20-45 minutos.
- Sustentabilidad y bajo impacto operativo: Es 100% eléctrico, con emisiones mínimas. El gobierno asegura que será autosustentable desde el segundo año, sin subsidios constantes como los buses tradicionales. Además, las cabinas ofrecen seguridad (cámaras, WiFi, botón de pánico) y accesibilidad.
- Beneficios sociales y económicos: Atenderá a decenas de colonias marginadas, generará empleo en construcción y operación, y tiene potencial turístico al volar sobre parques y zonas históricas. La tarifa estimada (10-12 pesos) lo hace accesible.
- Apoyo ciudadano: Una encuesta reciente de la BUAP muestra que el 64% de los poblanos lo ve con buenos ojos o está abierto a conocerlo, reconociendo que resuelve parte de la saturación del transporte público.
- Eficiencia económica y sustentabilidad operativa: En CDMX, el costo operativo por pasajero es de solo 8.73 pesos, más barato que Metrobús (11.5), Metro (15.3) y RTP (17.7). El gobierno de Puebla asegura que el Cablebús será autosustentable a partir del segundo año, sin subsidios externos.
Además, es 100% eléctrico: en CDMX ha evitado miles de toneladas de CO₂ (equivalente a plantar cientos de miles de árboles).
Puebla promete lo mismo: bajo impacto operativo y alineación con una movilidad verde.
- Seguridad, inclusión y modernidad: Cabinas seguras, accesibles y cómodas. En CDMX, los usuarios destacan la ausencia de acoso y asaltos.
Puebla ofrece tarifa accesible (10-12 pesos) y potencial integración con RUTA.
Es un transporte digno que beneficia especialmente a colonias populares.
- Lección de CDMX: Funciona y se expande: Inaugurado en 2021, el sistema capitalino ya tiene tres líneas operativas y varias más en construcción (Línea 4 y 5 serán de las más largas del mundo).
Ha generado ahorros masivos de tiempo (hasta 45%), reducción de gasto por viaje para los usuarios y mejoras urbanas alrededor de las estaciones. No es perfecto, pero su éxito social y operativo es innegable: millones de personas lo usan diariamente y el gobierno lo expande porque demostró resultados.
Puebla, con su topografía similar en algunas zonas, puede replicar este modelo y posicionarse como ciudad innovadora en el centro del país. Migrar a tecnologías como el Cablebús es avanzar hacia el futuro: más limpio, más rápido y más humano.
En resumen, es una apuesta por un transporte innovador, limpio y rápido en una ciudad con pendientes y barrancas donde los sistemas terrestres enfrentan límites.

Los Contra: Las críticas que no se pueden ignorar.
Sin embargo, el proyecto enfrenta cuestionamientos serios de colectivos, el IGAVIM y analistas urbanos. Ningún proyecto es perfecto, y es sano reconocer las crítica:
- Costo elevado y duda sobre costo-beneficio: A 496 mdp por km, es más caro que las líneas iniciales del Cablebús de CDMX. Críticos señalan que con ese presupuesto se podrían construir varias líneas de RUTA o mejorar pavimentación y seguridad. Además, su capacidad (1,000-2,500 pasajeros/hora) solo cubriría alrededor del 10% de la demanda en la zona nororiente (más de 305 mil viajes diarios).
- Capacidad limitada frente a la demanda total de la ciudad (estimado 50-90 mil usuarios diarios vs. cientos de miles en rutas terrestres).
- Falta de transparencia y estudios públicos: El Instituto para la Gestión, Administración y Vinculación Municipal y organizaciones como Hermanos Serdán denuncian opacidad: los estudios técnicos, de movilidad, ambientales y económicos no se han hecho públicos.
La información ha sido reservada, y no hubo consulta ciudadana amplia antes de iniciar obras.
- Impacto ambiental y social: Aunque el gobierno promete “afectaciones mínimas” al arbolado tras ajustes (menos torres y estaciones), inicialmente se hablaba de cientos de árboles. Hubo amparos y suspensión provisional en marzo 2026 por riesgo ecológico. Vecinos temen contaminación visual, pérdida de áreas verdes y afectaciones a parques como Juárez o el Cerro de Amalucan.
- Viabilidad real y riesgos operativos:
¿Es más turístico que de movilidad diaria?
Las rutas priorizan zonas consolidadas y de interés histórico. Además, sin una Norma Oficial Mexicana específica, hay preocupaciones por vulnerabilidad ante sismos, vientos fuertes, tormentas y mantenimiento dependiente de tecnología europea (costosa y con posibles interrupciones).
- Oposición activa: Protestas en el Zócalo y amparos reflejan que, aunque hay apoyo, una parte significativa de la sociedad lo ve como un “capricho” sin consenso.
En CDMX también hubo críticas al inicio, pero la integración multimodal y la operación real terminaron por validar el sistema.
Ahora bien, con todo lo que hemos analizado mi conclusión es la siguiente:
Sí a la migración tecnológica, con responsabilidad y transparencia
El Cablebús de Puebla no es ni el paraíso prometido ni un desastre anunciado.
Representa una tecnología probada que podría transformar la movilidad en zonas difíciles, generar orgullo ciudadano y reducir emisiones.
La experiencia del Cablebús CDMX es clara: esta tecnología funciona, ahorra tiempo y dinero a los usuarios, reduce emisiones y mejora la vida de miles en zonas olvidadas. No es la única solución, pero es una herramienta poderosa que las ciudades modernas deben adoptar. Puebla no puede quedarse atrás mientras otras urbes avanzan hacia sistemas eléctricos, elevados y eficientes.
Pero su éxito depende de que el proyecto final del 13 de abril responda con datos claros:
¿realmente justifica la inversión?
¿Se integrará con RUTA y otros sistemas?
¿Se garantiza cero daño neto al ambiente con reforestación real?
El gobierno estatal ha mostrado voluntad de diálogo, ha ajustado el proyecto (menos afectaciones ambientales) y presenta el trazo definitivo con estudios actualizados. Eso es positivo y debe reconocerse.
Ahora corresponde transparencia total, integración real con RUTA y otros modos de transporte, y mitigación ambiental de primer nivel (reforestación neta positiva).
En una ciudad que aún lucha con baches, inseguridad y transporte saturado, gastar 6,752 mdp exige máxima rendición de cuentas. Si el gobierno transparenta todo, ajusta el trazo según la ciencia y la voz ciudadana, y demuestra que moverá a la gente que más lo necesita, podría ser un acierto histórico: movilidad moderna, orgullo poblano y justicia social en una sola cabina que vuela sobre la ciudad.
Es momento de migrar hacia el futuro.
Puebla lo merece.
Aunque se tendria que adecuar algunos puntos, de lo contrario, corre el riesgo de convertirse en una obra emblemática cara y poco útil.
Puebla merece movilidad inteligente, no sólo vistosa.
Hoy es la oportunidad para que el proyecto se gane la confianza de todos.
¿Qué opinas ustedes?
La bola hoy está en la cancha de las autoridades: les corresponde plantearlo con claridad, con información transparente y con responsabilidad.
Pero también está en la cancha de la ciudadanía: asumir que el cambio es inevitable y que migrar hacia la tecnología ya no es una opción, sino una necesidad.
A usted que me escucha y me lee, déjeme decirle algo: sé que lo nuevo incomoda, incluso genera incertidumbre.
Pero también es cierto que no podemos descalificar aquello que no conocemos ni rechazarlo por inercia.
El progreso exige entender, cuestionar con fundamento… no oponerse por costumbre.
Y aquí vale la pena decirlo con toda claridad: hay sectores que, bajo la bandera del ambientalismo, han hecho de la negación su única postura.
Defender el medio ambiente no puede convertirse en un “no” automático a todo proyecto, sin análisis técnico, sin propuestas viables y, muchas veces, sin asumir los costos de la inacción.
Porque cuidar el entorno también implica evolucionar, innovar y encontrar soluciones sostenibles, no frenar el desarrollo por sistema.
El verdadero reto no es elegir entre progreso y medio ambiente…es dejar de enfrentarlos como si fueran incompatibles.
Porque no todo lo que se opone protege…
y no todo lo que avanza destruye.
El futuro no se cuida deteniéndolo…
se cuida sabiendo hacia dónde llevarlo.
Y puebla necsita transformarse…

