07-04-2026 07:33:16 AM

Bloqueos, marchas y protestas: la 4T frente a su espejo

Por Valentín Varillas

La mera amenaza de llevar a cabo una megabloqueo nacional de transportistas detonó las alarmas en la oficina principal de Palacio Nacional.

Y la orden fue operar políticamente con todo, para evitarlo a toda costa.

Como nunca se pusieron a chambear, cuidando siempre el no condenar ni satanizar en la narrativa oficial a los convocantes.

Y es que las marchas, bloqueos y manifestaciones tienen un simbolismo muy especial para los gobiernos emanados de la 4T.

Es más, la propia génesis del movimiento se dio en la desobediencia civil.

Cómo olvidar aquel plantón en Reforma después del supuesto fraude del 2006 y aquel dislate fenomenal que llegó al extremo de declarar a un individuo como “presidente legítimo”, sin el respaldo oficial de la mayoría de los votos.

El López Obrador opositor, el que se asume como el líder moral del actual grupo político en el poder, no sólo defendió abiertamente estas acciones, sino que las calificó como expresiones de resistencia legítimas, frente a injusticias y abusos de poder de los que entonces gobernaban.

Hoy, desde una óptica de intereses distinta, la misma realidad se entiende de manera diferente.

Lo que antes se justificaba como consecuencias de la lucha social, ya desde el poder se entiende como un problema de gobernabilidad.

O peor: como un complot de los eternos enemigos del país, de aquella mafia que llevo sus riendas por décadas y que, aunque lleva más de siete años fuera de la esfera de toma de decisiones públicas, sigue siendo la responsable de todos los males que nos aquejan en tiempo presente.

El mismo recurso que en su momento fue legitimado por ellos mismos como una herramienta democrática, ya les resulta sumamente molesta.

Bendita congruencia.

La 4T no puede hoy sostener con argumentos la defensa del derecho a protestar, porque las inconformidades ya se dirigen contra sus propios gobiernos.

La supuesta voz del pueblo bueno y sabio, ya enfrenta manifestaciones de varios sectores sociales, no únicamente de campesinos o transportistas, porque no ha cumplido sus promesas de no repetir los vicios y errores del pasado.

Por eso, cuando vienen los amagues de jugarles con las mismas cartas que ellos jugaron desde la oposición, se detonan los nervios de gobierno y trabajan con una eficacia que no muestran en otras áreas que, en teoría, deberían de ser fundamentales en el ejercicio del servicio público.

Ejemplos, los hay de sobra.

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