Por Valentín Varillas
Una de las posibles monedas de cambio para la negociación de Morena y sus aliados, en lo que al Plan B de la reforma electoral se refiere, tendría que ver con el tema de la revocación de mandato.
Aprobar más adelante las modificaciones constitucionales necesarias para adelantar el proceso y empatarlo con la elección del próximo año, a cambio de no tocar las prerrogativas que reciben PT y PVEM.
Esto tendría varios beneficios para el actual grupo en el poder.
Sobre todo, con una presidenta que reporta niveles de aceptación y popularidad por arriba del 75%.
Al ir la jefa del ejecutivo en la boleta, el oficialismo respondería de mejor manera en términos de la efectividad de la operación de sus estructuras, las cuales tendrían que movilizarse en todo el país.
Estaríamos ante un escenario de referéndum sobre un proyecto nacional y no únicamente en aquellas entidades en donde habrá renovación de posiciones.
De esta manera, se le daría forma a una narrativa mucho más amplia que incluiría la disyuntiva de apoyar o rechazar la continuidad de la 4T en la presidencia.
Así, el debate político generalizado giraría mayoritariamente en el tema de la revocación.
En aquella tramposa encrucijada de la continuidad vs el retroceso.
Por lo mismo, se irían desplazando temas vulnerables como la seguridad, la corrupción, la economía y demás.
Casi todo se reduciría al “a favor” o “en contra”.

Meter la revocación introduce esta pregunta binaria que invita a cerrar filas para “defender el proyecto” y de paso reduce el riesgo de que se masifique el famoso voto cruzado.
Ese que vota distinto en elecciones intermedias.
En un partido en el poder con tan alta identificación ideológica, esto es oro molido.
Una ventaja competitiva enorme.
La figura de Sheinbaum jalaría una enorme cantidad de votos a los candidatos “de casa”.
En todos los niveles.
Y de paso, le da un enorme incentivo a gobernadores, alcaldes y operadores territoriales para afinar la maquinaria y dar resultados que favorezcan los intereses electorales de Palacio Nacional.
Con la presidenta compitiendo directamente, estarían obligados a ganarlo todo.
Absolutamente todo.
Empatar la revocación con la elección no sólo redefine todo el proceso: introduce el hecho inédito de que una presidenta en funciones aparezca en una boleta electoral bajo las reglas dictadas por el propio partido gobernante.
De locos.


