10-03-2026 07:33:46 AM

Presidenta nueva, consigna vieja

Por Valentín Varillas

 

El corifeo que entonó la vetusta consiga que asegura que hasta la fecha “es un honor estar con Obrador” en el Consejo Nacional de Morena, se prestó a ensayar una puesta en escena mucho más simbólica que política.

Busca una identificación de la base con el creador del movimiento.

Aquella patraña del “liderazgo moral” que tanto gusta a los fanáticos de la 4T y que hoy les urge reafirmar ante los enormes señalamientos de corrupción e ineficiencia que embarran al expresidente y su círculo cercano.

Echar mano de un referente carismático puede ser muy útil para vender unidad, en un momento en donde la transición de liderazgos es inminente y definitiva.

Es la calma antes de la tormenta que supondrá el reparto de candidaturas de cara al proceso electoral del próximo año.

Un proceso en donde Claudia Sheinbaum se impondrá por sobre todas las cosas.

Ella leva las riendas de la política operativa del país y contra eso no hay antídoto que funcione, por más mesías que le pongan enfrente.

Los recursos humanos y materiales necesarios para la operación institucional y llevar votos a las urnas, dependen de quien tiene el control de la administración pública federal.

Y, como en cascada, este esquema se replica en los distintos niveles de gobierno.

La presidenta tiene el poder formal, el que es único, personal, intransferible, pero que sobre todo, no se comparte.

Por eso, no representa una amenaza el hecho de que AMLO goce de cierto poder moral y simbólico.

No existe un desafío real.

Es más, en términos de “masa de votantes” y ante le magnífico posicionamiento de la marca, a la jefa del ejecutivo federal le conviene que su gobierno se perciba como de continuidad de la Cuarta Transformación.

Una ventaja competitiva real en términos del marketing político.

Pero hasta ahí.

Muy pronto vendrán más enroques naturales que no dejarán dudas de quién ejerce el poder.

Inclusive la interior del partido.

A pesar de las matracas y el confeti en los calzones, Andy López Beltrán y Luisa María Alcalde han perdido ya toda la fuerza en la estructura de operación del movimiento.

El primero es ya impresentable y se ha convertido en una auténtica losa para los intereses electorales del oficialismo.

La segunda ha dejado muy claro que optará por las lealtades del pasado, antes de la institucionalidad necesaria en el presente.

Ya se decantó y en este tipo de definiciones son contundentes.

No hay marcha atrás.

Por eso, no tendrán peso específico alguno en la definición y operación de la estrategia rumbo al 2027.

Llegarán otros que si jueguen las cartas de Sheinbaum.

Lo mismo sucederá en carteras prioritarias del gabinete, como la Segob.

Con la misma lógica ha ejercido el cargo Rosa Icela Rodríguez, quien muy pronto dejará de hacerse cargo de la dependencia responsable de la gobernabilidad del país.

Nada nuevo, se trata de procedimientos naturales que forman parte de la lógica normal de los procesos políticos de cambio de poderes.

No hay sorpresas, sólo sorprendidos.

Quienes soñaron con que AMLO gobernaría por interpósita persona no entienden ni han entendido nada de lo que significa la política real.

No la que se basa en la mera percepción.

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