Por Valentín Varillas
Es casi un hecho que será una mujer quien abandere al PAN para competir por la capital, en el proceso electoral del próximo año.
Se trata de la columna vertebral de los acuerdos logrados para alcanzar el pacto de civilidad y supuesta unión entre grupos al interior del partido.
El panismo ortodoxo ya había adelantado este escenario y desde hace meses prepara a Liliana Ortiz como su apuesta única.
El grupo de Eduardo Rivera ha decidido lo anterior, consciente de que el ex alcalde de Puebla tiene vetada de manera definitiva tal opción.
Saben que, en los hechos, no hay manera de que aspire nuevamente a la alcaldía.
Con todo y que forma parte del CEN blanquiazul y mantiene una magnífica relación con su presidente Jorge Romero.
La intención en el búnker de la derecha nacional es evitar a toda costa una fractura todavía mayor entre su militancia en Puebla.
Hoy, a pesar de ser quien maximiza el potencial de votos para Acción Nacional, la figura de Lalo divide, erosiona, fragmenta, de ahí que se hayan decantado por Liliana.

Hace tiempo ya, la actual diputada federal puso en marcha una estrategia de intenso posicionamiento en redes sociales.
Esta se basa en masificar videos en donde aparece fijando una postura sobre los grandes temas nacionales.
Algunos de sus comentarios han sido retomados por influencers anti-sistema, que cuentan con millones de seguidores.
Una importante y muy efectiva caja de resonancia.
En Puebla se le conoce de sobra, después de haber jalado los reflectores mediáticos que suponen dos administraciones al frente de la política asistencial de la capital.
Una ventaja competitiva real, con respecto a sus potenciales adversarias.
Veremos en los próximos meses mucho más protagonismo de su parte.
Aquí y allá.
De esta manera, pareciera que la competencia se dará entre Susana Riestra, la propia Liliana y Blanca Alcalá.
Esta última operará como un muy útil comodín, ya sea para disfrazar de democrática una imposición, o bien para que aparezca en la boleta si las presiones externas arrecian y no les queda otra más que entregar la plaza.
Otra vez.


