Por Valentín Varillas
El 53% del padrón electoral poblano está conformado por mujeres.
Serán determinantes en la determinación de ganadores y perdedores en el proceso electoral del próximo año.
Por lo mismo, quienes aspiren a una candidatura de cualquier partido, color o ideología, tendrán que integrar una agenda feminista muy robusta en la conformación de sus campañas.
El gran reto, enorme, titánico, será no sólo centrarse en el qué, sino en el cómo.
Entrarle de lleno a alternativas reales en materia de seguridad y justicia, salud integral, economía y hasta participación política.
Y no se ve fácil.
Son décadas de rezago, a pesar de las promesas alegres de quienes, a cambio de votos, históricamente han prometido resultados.
Los estrategas del marketing político, especialistas en la construcción de narrativas optimistas ya no bastan.
Tendrán que echar mano de auténticos especialistas en el diseño y operación de acciones concretas y políticas públicas, encaminadas a la solución de los problemas más importantes que enfrentan las mujeres poblanas.
No podrán caer en la tentación de privilegiar las obviedades, los aburridos lugares comunes ni los pronunciamientos generales.
Habrá que centrarse en los planes de acción.
Y es que hoy, más que nunca, la sociedad civil organizada cuenta con elementos para poder auditar si las promesas al botepronto se traducen en realidades concretas, o pasan a engrosar el ya de por sí enorme catálogo de buenas intenciones.
Esto resulta fundamental en la oferta electoral de aquellas mujeres que busquen un cargo de elección popular.

Existe un mandato constitucional de paridad de género que además de obligatorio, es vinculante.
Pero el número total de candidatas tiene ya que operar no sólo como una cifra estadística, sino como una realidad competitiva.
Sólo el 21% de los 217 municipios de Puebla son gobernados por una mujer, a pesar de que en el 2024 compitieron como candidatas en la mitad de ellos.
Los partidos siguen enviando a mujeres a competir contra hombres, en aquellos en donde la probabilidad de ganar es menor.
Paridad de género no ha significado todavía paridad de triunfo.
Y como consecuencia, los temas relacionados con la agenda feminista han quedado relegados en términos de prioridades de gobierno.
Los partidos poblanos siguen confinando a las mujeres a la marginalidad.
Ven la obligatoriedad de género como un incómodo requisito burocrático y no como una oportunidad real de ganar.
Muchos discursos, mucho morado, muchas fotos de candidatas que lanzan para cumplir con la ley, pero muy pocas de ellas gobernando.
La democracia poblana sigue siendo un club privado de acceso mayoritariamente masculino.
Por más choro que se avienten.


