Por Valentín Varillas
El Tratado de Libre Comercio de América del Norte está en riesgo Estados Unidos ha decidido regresar al proteccionismo selectivo como eje central de su política económica.
Canadá ha optado ya por acercarse a China como una alternativa real a un potencial quiebre del acuerdo.
México es el principal socio comercial de EU.
Somos los que más les compramos y los que más les vendemos.
Por lo miso, una aplicación generalizada de aranceles a nuestros productos sería letal para nosotros.
Y Puebla sería de los estados más afectados.
Aquí dependemos casi de manera absoluta de nuestras exportaciones al vecino país del norte, sobre todo en el ramo automotriz.
Ya tuvimos una probadita del escenario que podríamos vivir, con la aplicación unilateral de “tarifas” en el primer año de gobierno de Trump.
Las exportaciones del estado se cayeron un 18.6%.
También la inversión extrajera directa (62%).
Cerca de la mitad de las empresas automotrices que operan aquí dejaron de venderle a ese país.

La pérdida de empleos fue la consecuencia inmediata.
También la falta de competitividad en mercados internacionales de lo que aquí se fabrica.
En un entorno de tanta volatilidad y complejidad, la capacidad para atraer nuevas inversiones se complica enormemente.
Imagine este escenario, en un entorno de aplicación de aranceles comerciales estándar, es decir, sin el cobijo protector de las cláusulas todavía vigentes del TMEC.
El horror.
Se habla mucho de la necesidad de trabajar en la búsqueda de mercados alternos para eliminar la dependencia gringa.
Eso está muy bien, pero se trata de una estrategia a largo plazo.
Mientras, analistas financieros pronostican que, de cancelarse el tratado, México perdería cerca de un millón de empleos en sectores “fuertemente integrados” como el automotriz, el textil, la manufactura y el de la fabricación y venta de maquinaria.
Que las exportaciones totales directas se derrumbarían un 9.8% y la inversión extranjera sufriría una contracción del 3.29%.
Todo esto, con un mercado interno caído y con un gobierno federal que enfrenta una deuda pública histórica.
Que se la pasa ensayando todo tipo de maromas para contar con los recursos necesarios para mantener su política social de entrega de dinero en efectivo a distintos sectores.
Esa que este año nos costará 185 mil millones de pesos, pero que en el próximo, le generará millones de votos al oficialismo.
Así el panorama.
Peor, imposible.


