03-04-2025 03:09:14 PM

Se arraiga el narco en los jóvenes

Por Yasmín Flores Hernández

 

En la era digital, la figura del narco ya no se esconde entre sombras, ni opera exclusivamente en las esquinas más oscuras de los estados.

 

Ahora, también se disfraza de influencer, de corrido tumbado, de estilo de vida aspiracional. A través de redes sociales como TikTok, Instagram o Facebook, el crimen organizado ha encontrado una nueva ruta de acceso: la mente de los jóvenes.

 

Hoy, el narco no siempre llega con amenazas, sino con promesas: dinero fácil, fama, respeto y  pertenencia. Lo que antes era un camino marcado por el miedo, ahora es presentado como una aventura tentadora, envuelta en filtros, likes y música de fondo.

 

Los videos de camionetas de lujo, fajos de billetes y armas bañadas en oro no sólo se consumen con normalidad, sino que se celebran.

 

El reclutamiento por redes sociales ha crecido silenciosamente. Jóvenes de barrios marginados y también de zonas urbanas de clase media son contactados con ofertas que su realidad no les puede dar.

 

En este ecosistema digital, el reclutamiento se ha transformado. Ya no es necesario que un “halcón” se acerque en persona. Hoy, basta un mensaje directo en Facebook o un comentario en un video de TikTok para iniciar el contacto. Las promesas suelen ser las mismas: dinero, respeto, poder, pero ahora vienen envueltas en estética juvenil y lenguaje amigable.

 

Niños de 12 a 15 años están siendo captados como informantes, sicarios o “mulas”. La línea entre lo virtual y lo real se ha desdibujado peligrosamente.

 

El crimen organizado no solo los encuentra en redes: los forma, los vigila y, si es necesario, los elimina.

Los cárteles han creado incluso sus propios contenidos: canciones, videos virales, stickers y memes.

 

El objetivo es claro: conectar emocionalmente con los jóvenes. En muchos casos, el reclutamiento comienza como una propuesta de trabajo “sencillo”: transportar paquetes, cuidar vehículos, vigilar casas. Pero una vez dentro, salir es casi imposible.

 

La amenaza, la adicción o la necesidad económica los mantiene atrapados. Los algoritmos se convierten en cómplices, mostrando más contenido que normaliza y glorifica la violencia.

 

La violencia generada por el narcotráfico ha evolucionado en los últimos años, y con ella, las estrategias de captación de nuevos integrantes.

 

Los jóvenes, en particular, se han convertido en blanco de reclutamiento por parte de los cárteles, quienes utilizan canales digitales, contenido audiovisual y redes sociales para seducirlos e integrarlos a sus filas.

 

Este fenómeno no sólo pone en riesgo su integridad física, sino también su salud emocional y su futuro como ciudadanos.

 

Las redes sociales, nuevo terreno del narco.

 

Según el informe “Los niños, niñas y adolescentes reclutados por grupos delictivos en México” publicado por Reinserta (2022), uno de cada cinco menores reclutados por el crimen organizado fue contactado a través de redes sociales. Plataformas como Facebook, TikTok y WhatsApp son las más utilizadas.

 

El modus operandi suele comenzar con mensajes aparentemente inofensivos, promesas de trabajo bien pagado o invitaciones a “ser parte de algo grande”.

 

La estética narco en redes sociales juega un papel fundamental: la ostentación de riqueza, el poder, la supuesta lealtad y el respeto son elementos clave de atracción. Algunos grupos criminales incluso crean cuentas falsas para simular agencias de empleo o marcas de ropa.

 

El informe del Observatorio Nacional Ciudadano (2023) revela que estas prácticas están especialmente dirigidas a jóvenes entre 12 y 25 años, en zonas con altos índices de pobreza, deserción escolar y presencia del crimen organizado.

 

La influencia cultural también es un componente clave.

 

Diversas investigaciones han señalado el impacto de las narco series y los corridos tumbados en la percepción juvenil del narcotráfico.

 

El estudio “Narrativas del narco en la cultura popular” de la Universidad Iberoamericana (2021) indica que series como El Señor de los Cielos (Telemundo), Narcos (Netflix), La Reina del Sur (Netflix) y El Chapo (Netflix/Univisión) construyen personajes narcos como anti-héroes complejos, atractivos, y muchas veces justificados.

 

Esto genera una identificación peligrosa: “El narco sufre, ama, es traicionado… pero siempre tiene poder”.

 

En paralelo, la música de artistas como Peso Pluma, Gerardo Ortiz, Natanael Cano, Junior H o Fuerza Regida ha amplificado el fenómeno. Sus letras no solo mencionan marcas de lujo y armas, sino que normalizan el consumo de drogas, el uso de la violencia como defensa y el “éxito” conseguido al margen de la ley.

 

Y mientras esto ocurre, la salud mental de toda una generación se deteriora. Ansiedad, depresión, adicciones, insomnio, paranoia.

 

No hablamos sólo de quienes caen directamente en las redes del crimen, sino también de quienes viven en constante miedo, quienes se sienten tentados o presionados, quienes no encuentran sentido ni propósito en un entorno que premia lo inmediato y castiga la vulnerabilidad.

 

La romantización del narco no es nueva, pero sí se ha digitalizado y sofisticado. Combatirla requiere más que censura o discursos moralistas.

 

Necesitamos políticas públicas reales, programas de prevención con enfoque en salud mental, redes de apoyo comunitario, y sobre todo, abrir el diálogo con los jóvenes. Escucharlos.

Comprender qué buscan, qué les duele, qué sueñan.

 

Porque si no lo hacemos nosotros, alguien más lo hará… y probablemente, por el camino equivocado.

 

El impacto de esta cultura narco va más allá del comportamiento. Tiene consecuencias directas sobre la salud mental de los jóvenes.

 

La Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) ha advertido que la exposición constante a violencia y la participación en actividades criminales genera trastornos de ansiedad, depresión, estrés postraumático y pérdida del sentido de vida.

 

Según un estudio de campo realizado por Reinserta A.C. (2021) con 89 adolescentes privados de libertad por delitos relacionados al narcotráfico, el 63% presentaba síntomas de depresión clínica, el 72% consumía sustancias diariamente y más del 50% había sido víctima de abuso físico, sexual o emocional en su proceso de reclutamiento.

 

Psicólogos también han reportado un aumento en casos de insomnio, ideación suicida y desensibilización frente a la muerte en zonas donde el crimen organizado tiene fuerte presencia.

 

Pero a todo esto existen factores estructurales como son: desigualdad, abandono y necesidad.

 

Este fenómeno no puede entenderse sin considerar el contexto estructural.

La falta de oportunidades educativas, la pobreza, la violencia familiar, y la ausencia del Estado generan un terreno fértil para que los jóvenes sean captados.

 

De acuerdo con datos del CONAPO (2023), más de 6 millones de jóvenes entre 15 y 29 años no estudian ni trabajan (los llamados ninis), y muchos de ellos viven en zonas de riesgo.

 

El narco aparece, para muchos, como una salida rápida: es el único actor que ofrece dinero inmediato, “respeto” y un lugar donde ser útil, aunque a un alto costo.

 

Pero a todo esto, ¿Qué hacer?

 

Necesitamos urgentemente estrategias de prevención y atención.

 

Enfrentar este fenómeno requiere más que acciones punitivas.

 

Estas son algunas recomendaciones de expertos e instituciones:

 

  • Fortalecer la salud mental, con atención gratuita y especializada para jóvenes en riesgo.
  • Intervención digital: monitoreo y respuesta temprana a contenidos de reclutamiento en redes sociales.
  • Campañas de contranarrativa: contenidos que presenten otras formas de éxito, referentes positivos y aspiraciones saludables.
  • Educación crítica: programas escolares que enseñen a identificar manipulación mediática, violencia simbólica y estrategias de reclutamiento.
  • Inversión en cultura y deporte, no solo como distracción, sino como mecanismos de construcción de identidad y propósito.
  • Programas de prevención y atención psicológica para jóvenes en riesgo.
  • Espacios seguros donde puedan hablar de sus miedos, sueños y frustraciones.
  • Inversión en educación emocional y digital, para que puedan reconocer los mecanismos de manipulación en redes sociales.
  • Y quizá lo más importante: referentes reales, cercanos, positivos. Héroes de carne y hueso, no de ficción.

 

A usted que me escucha y me lee déjeme narrarle los testimonios reales que reflejan las experiencias de jovénes atrapados en esta realidad, yo lo llamo, las voces desde la sombra.

 

José Luis, reclutado a los 14 años:

 

“A los 14 años entré al cartel. Primero me pusieron a vigilar, luego a cruzar indocumentados. Después me enseñaron a manejar armas y me convertí en sicario. No tenía opción; si decía que no, me mataban.” 

 

María, hermana de un joven desaparecido:

“Mi hermano tenía 16 años cuando desapareció. Supimos que lo habían visto con gente del narco. Nunca volvimos a saber de él. La incertidumbre nos consume cada día.”

 

Luis, sobreviviente de un centro de adiestramiento:

 

“Nos llevaron con engaños a un rancho. Ahí nos entrenaban para matar y torturar. Si te negabas, te golpeaban o peor. Logré escapar, pero las pesadillas aún siguen.”

 

Diana, residente de Culiacán:

“Jamás me había sentido tan triste y desesperanzada. La violencia nos ha robado la paz y la alegría. Vivimos con miedo constante.”

 

Carlos, exintegrante de un cartel:

“Nos mandaban a matar. Si no lo hacías, te mataban a ti. Es un círculo del que parece imposible salir.” 

 

Estos testimonios reflejan la crudeza de una realidad que afecta a miles de jóvenes en México. La combinación de falta de oportunidades, manipulación y amenazas convierte al narcotráfico en una trampa mortal para muchos adolescentes.

 

Es imperativo escuchar estas voces y actuar en consecuencia para ofrecer alternativas y esperanza a las nuevas generaciones.

 

La lucha contra el narco no se libra solo en las calles, también en las pantallas. Y si no empezamos a cambiar la narrativa, a crear nuevas historias que inspiren a los jóvenes desde la empatía y la esperanza, estaremos dejando ese espacio vacío… para que lo llenen otros, con balas y likes.

 

Urge poner manos a la obra y exigir a las autoridades de los tres niveles, política públicas en este sentido, pero tambien es un llamdo a las Universidades, a los padres de familia y a la sociedad en general a escuchar a los jovenes y entablar una comunicación acertiva, en donde ellos se sientan escuchados.

 

La seducción del narcotráfico en la juventud contemporánea es una combinación peligrosa de necesidad económica, ausencia institucional y narrativa glorificada.

 

Si queremos salvar a esta generación de la trampa del crimen, debemos actuar en múltiples frentes: desde la política pública hasta el algoritmo de TikTok.

Porque el narco ya no sólo domina territorios… también está ganando corazones.

 

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