02-03-2024 03:19:49 PM

La viga en el ojo del “profe” Melitón

Por Valentín Varillas 

 

Envuelto en la bandera del derecho de casta y la supuesta congruencia política, Melitón Morales se rasga las vestiduras ante la inminente apertura de Morena a perfiles externos en el reparto de candidaturas. 

Acusa, señala, enjuicia, sin hacer una mínima introspección de su paso por la política y el servicio públicos. 

En la SEP, por ejemplo. 

En donde mintió, engañó y fue, por decir lo menos, poco transparente. 

Llevaba una agenda propia, al margen de la institucional. 

Una que tenía como objetivo único el beneficio político personal. 

Eventos no reportados al gobernador Barbosa, en donde entregaba “a título personal” todo tipo de apoyos para la construcción y dignificación de espacios educativos. 

No había en su discurso una sola mención al gobierno del estado, a la dependencia que encabezaba o a quien era en ese entonces el titular del poder ejecutivo. 

Era él y solamente él, quien llevaba esos beneficios a las escuelas poblanas.  

Traición, por donde se le quiera ver. 

Al mismo tiempo, era especialmente zalamero y lambiscón con su jefe. 

Se hacía de información relacionada con su agenda personal y se aparecía “por casualidad” en los restaurantes que frecuentaba con su familia y amigos los fines de semana. 

Por lástima, en algunas ocasiones fue convidado de piedra en su mesa. 

Otras, de plano fue invitado cortésmente a retirarse.  

Y es que, en aquellos tiempos de la sucesión barbosista, Melitón ya se la había creído. 

Rendido ante el canto de las sirenas de supuestos operadores del nivel de Eric Cotoñeto Carmona, actuó como si ya fuera el inminente tapado. 

Esto no gustó en Casa Aguayo. 

Tampoco las dudas severas sobre el origen y destino de los recursos con los que financiaba sus actos proselitistas y la consecuente compra de conciencias. 

Esa falta de claridad en su actuar le costó el puesto. 

Y lo peor: al momento de su salida se ordenó que se sellaran sus oficinas. 

Que no saliera un sólo documento de ahí. 

Las auditorías a la dependencia arrojaron varios pecados inconfesables. 

Uno de ellos, que pronto tendrá consecuencias legales, tiene que ver con una escandalosa e injustificable compra de cubrebocas. 

Muchos, muchísimos, muy caros y sobre todo, adquiridos con absoluta opacidad y fuera de tiempo. 

Vaya ejemplo de honestidad y principios. 

Muy acorde con los supuestos principios de la 4T. 

¿Qué pasó con el “no robar, no mentir y no traicionar”? 

¿Aplica para todos, o sólo para externos? 

Bendita congruencia, “Don Meli”. 

Provecho. 

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