26-01-2022 06:13:18 PM

Adán Augusto y el 24

Por Valentín Varillas

 

Más que asuntos de gobernabilidad o política interna, el Secretario de Gobernación a nivel federal, Adán Augusto López, tendrá un papel fundamental en el proceso de sucesión presidencial en el 2024.

El presidente le ha dado prácticamente los hilos de los amarres, negociaciones y acuerdos, además de que ha hecho encargos específicos para que varios factores se conjuguen y ayuden a que se concreten los objetivos que se han planteado en Palacio Nacional para la que se considera ya, la “madre de todas las elecciones”.

De entrada, el funcionario trae la encomienda de revisar que se amarren los triunfos que las encuestas adelantan en aquellos estados en donde habrá renovación de gubernaturas.

Para este año, los números coinciden en que Morena se hará del control de Durango, Hidalgo, Oaxaca, Quintana Roo y Tamaulipas.

Primero, Adán será un vigilante de que se llegue a una complicada convergencia al interior del partido: primero, que se elija candidatos competitivos, congruentes con la realidad política de cada entidad, ya que en todos gobierna la oposición y que los designados pasen el filtro presidencial.

Evitar conflictos postelectorales y allanar el camino a los nuevos mandatarios apretando a posibles inconformes, será el siguiente paso.

“Transiciones de terciopelo”- es el objetivo.

Para el 23, en Coahuila y el Estado de México no se ven obstáculos mayores para el triunfo de los candidatos del partido en el poder, por lo que el trabajo del titular de Gobernación será muy parecido al que va a llevar a cabo este año.

En el primero de estos estados, el priista Miguel Ángel Riquelme está ya prácticamente rendido, buscando las mejores condiciones para entregar el poder.

A Alfredo del Mazo en el Edomex, le toca honrar aquel pacto que Peña Nieto hizo en su momento con el propio López Obrador y que consistía en que Morena no llevaría  acabo acciones de protesta después de la elección que permitió la continuidad del PRI en la cuna del grupo Atlacomulco y en donde, por cierto, se ensayó uno de los fraudes electorales más escandalosos de la historia moderna del país.

El reto vendrá en el 24.

El presidente ha echado a correr a Adán Augusto en la carrera presidencial en un afán de desmarcar a su verdadera carta para sucederlo.

Aún en ese improbable escenario, el que lo ponga como candidato a la “grande”, el encargo de operación política para garantizar la continuidad de la 4T no se interrumpe.

Repetir en la capital es, sin duda, la gran prioridad.

Pero también en otros estados que gobierna Morena como Chiapas, Tabasco, Veracruz y por supuesto Puebla.

Mantener la gubernatura de esos estados para sumar capacidad de operación electoral y de recursos a favor de quien al final el presidente designe como candidato, es el cierre con broche de oro de todo lo anterior.

La culminación del trabajo y el tejido fino de más de dos años.

Aquí la realidad es distinta a la que prevalece en los estados en donde gobierna la oposición.

Y por lo tanto, la estrategia tiene variaciones importantes.

Al gobernar Morena, más allá de cómo se vea desde el escritorio la situación en estas entidades, el factor más importante y que más peso tiene es el de la política real, la auténtica, la que se hace todos los días amarrando, acordando y tomando decisiones estando físicamente y de manera permanente en el lugar en donde pasan las cosas.

Es, simplemente, el análisis realista y pragmático que les permita concluir quién tiene los verdaderos hilos del manejo político de determinado estado y por lo mismo, quién puede abonar más a lo que verdaderamente quiere López Obrador: ganar a como dé lugar.

La historia nos enseña que, en el caso de Puebla, presidentes no ponen gobernadores, ni inciden en la victoria o derrota de incondicionales que buscan otros cargos de elección popular..

Pueden desde el centro imponer candidatos, pero las victorias se sudan y ganan en la aldea, nada más.

El caso de Rivera Vivanco en la alcaldía de Puebla no solo es el más reciente, sino el mas contundente de los que se tenga memoria.

AMLO lo sabe de sobra, su Secretario de Gobernación, el operador político por excelencia del presidente, conoce de esto todavía mucho más.

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