03-12-2021 03:48:24 PM

Santizo: pasados que condenan

Por Valentín Varillas

Alejandro Santizo no era, ni de cerca, el perfil ideal para hacerse cargo de la seguridad pública del municipio de Tecamachalco.

No, por lo menos, si la intención real de las autoridades de ese lugar era echar a andar un plan efectivo para garantizar la seguridad pública de sus habitantes.

Si la lógica era otra y tenía que ver con los tradicionales pactos inconfesables que se signan con la delincuencia, entonces se trató de un auténtico tiro de precisión.

Las historias oscuras de Santizo en su paso por el servicio público son muchas y algunas de auténtico terror.

Varias entregas en este espacio fueron dedicadas en su momento a estos escabrosos temas.

Todos las conocían.

Inclusive quienes, directa o indirectamente, tuvieron que ver con su reciente nombramiento.

Una de ellas, muy reveladora, era una cruda radiografía de cómo, durante los gobiernos panistas, se protegió y fomentó desde las instituciones públicas a las bandas dedicadas al robo y venta de combustible de Pemex.

Tenía que ver con la detención de elementos de la policía municipal de la ciudad de Puebla  que, lejos de cumplir con la responsabilidad de cuidar a los habitantes de la capital, dedicaban sus horas laborables a escoltar unidades cargadas de huachicol en la zona de Chachapa.

El 11 de febrero de 2017, elementos de la policía estatal realizaron la captura.

La versión oficial, endulzada, edulcorada y entintada en colores pastel, la dio a conocer el entonces alcalde, Luis Banck.

La “medalla”, en ese tiempo, se la colgó el impresentable Jesús Morales, titular de la SSP estatal, quien en el discurso juraba que su compromiso para terminar con este delito era auténtico.

Le faltó decir que, mientras estaba en el cargo, según datos oficiales el número de tomas clandestinas había aumentado en un 300%.

Dos chivos expiatorios fueron detenidos.

Impensable que tan solo un par de elementos tuvieran la capacidad de cuidar y llevar a buen puerto unidades que transportaban más de 8 mil litros de combustible cuando la batalla entre grupos criminales por el control del territorio estaba en su etapa más feroz.

Es evidente que se trató de escombrar lo más posible el tema, una vez que tuvo repercusión mediática, tanto en la aldea, como a nivel nacional.

Santizo sabía de sobra lo que hacían sus elementos.

Entendía que no se trataba de un “caso aislado”, sino de una política de estado que tenía que generar millonarios dividendos.

El camino lo había marcado ya Facundo Rosas, protector acérrimo de Santizo y el responsable único de su llegada a Puebla.     

Año y medio antes, como lo hemos escrito aquí hasta el cansancio, elementos del ejército mexicano habían detenido al entonces director de la Policía Estatal Preventiva y al responsable del grupo de Operaciones Especiales exactamente por lo mismo: por brindar protección al huachicol.

Santizo y Facundo juraron siempre que no sabían lo que hacían los elementos  a su cargo.

Como si se mandaran solos.

Como si fueran capaces, por ellos mismos, de llegar a acuerdos con quienes manejan el delito más rentable de las últimas décadas en Puebla.

El que ha generado fortunas exprés en lo más granado del mundo político, empresarial, civil y militar.

A ambos también, semanas después de sus respectivos escándalos, los echaron de sus cargos.

Ni a Moreno Valle ni a Banck les quedó de otra.

La realidad ha sido muy clara: es precisamente en el nivel municipal de gobierno, en donde se vuelve más delgado el hilo que separa a la autoridad de la delincuencia.

El gobernador Barbosa ha sido claro al respecto, cuando señala en el discurso una y otra vez que la única manera de generar programas efectivos de combate a la delincuencia es a través del trabajo coordinado entre niveles de gobierno.

La ejecución a sangre fría –con tiro de gracia incluido- de ministeriales a manos de policías municipales de Tecamachalco, a menos de un mes de la llegada de una nueva administración y por un yerro monumental al momento de la designación del titular de seguridad pública municipal, no es la mejor manera de sentar las bases de esa supuesta coordinación.

Y aquí, por donde se vea, nada tiene que ver lo político en esta realidad.

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