21-09-2021 08:46:18 PM

Espionaje morenovallista, el origen

Por Alejandro Mondragón

 

En la llamada “Inteligencia” fue en lo que más gastó el entonces gobernador Rafael Moreno Valle, porque su objetivo era convertirse en presidenciable.

 

Cientos de millones de pesos al año erogó en dos vertientes: espionaje y contraespionaje.

 

La primera enfocada a Puebla para controlar a enemigos, amigos, empresarios, políticos y periodistas. Esta labor se la encomendó a Héctor Arrona, quien llegó a operar el Centro de Análisis Prospectivo, por recomendación de Jorge Tello Peón, considerado el Gutiérrez Barrios del sector privado.

 

Arrona reportaba directamente a la Secretaría General de Gobierno, aunque Tello dejó de asesorar a Moreno Valle por choque de intereses, pues optó por seguir al servicio del Grupo Monterrey.

 

Arrona dejó el espionaje morenovallista para encargarse en la era galista en tesorero municipal de Puebla.

 

La segunda, el contraespionaje, estaba muy ligada a su proyecto presidencial 2018. La inteligencia se extendió a estados claves en votación, como Distrito Federal, Estado de México, Veracruz, Jalisco, Nuevo León y, por supuesto, Puebla.

Se instalaron oficinas para ver y escuchar a adversarios, aliados y, sobre todo, a quienes se perfilaban como potenciales competidores para el 2018.

 

Esta labor se encomendó a Joaquín Arenal (q.e.p.d), viejo espía del sistema, ex delegado del CISEN en Puebla, quien se ligó al morenovallismo de la mano de Ardelio Vargas, en aquel entonces secretario de Seguridad Pública de Puebla.

 

Ambos se conocieron en el Centro de Investigación y Seguridad Nacional, fundado por otro asesor del gobierno de Puebla, Jorge Carrillo Olea, quien es muy cercano a Jorge Tello Peón.

 

Arenal laboró en el gobierno de Vicente Fox como director de Investigación del CISEN, cargo que dejó al ser descubierto interviniendo comunicaciones del exgobernador de Chihuahua, Patricio Martínez García.

 

Luego fue designado jefe de la Oficina de Investigación Aduanera de la Administración General de Aduanas, de la que salió tras la confiscación de 207 millones de dólares al empresario mexicano de origen chino Zheli Ye Gon, producto del tráfico de efedrina y otras sustancias usadas para elaborar metanfetaminas, y en 2008 regresó al CISEN como director de Seguridad; es decir, el área de contrainteligencia, desde cual se dedicó a espiar a personajes como el entonces senador Manlio Fabio Beltrones, según publicó, en su momento, el periodista Rodolfo Ruiz de E-Consulta.

 

Arenal estuvo a cargo del contraespionaje a personajes nacionales de cara al sucesión presidencial del 2018.

 

 

EL FACTOR ISRAELÍ

En nada escatimó Moreno Valle en la instalación de su sofisticado sistema de espionaje y contraespionaje, que incluyó personal capacitado desertor de las áreas de inteligencia del ejército y gobierno federal.

 

También equipo de primer nivel que abarca vigilancia, comando israelí, conversaciones telefónicas, filmaciones, seguimiento vía correo electrónico, mensajes de texto y hasta redes sociales.

 

Buena parte del equipo comenzó a llegar desde la campaña del 2010, pero se fortaleció entre 2011 y 2012.

 

José Susumo Azano, hoy preso en Estados Unidos. Este personaje que nació en Jalisco, de padres asiáticos, fue de los principales financieros de la campaña a la gubernatura de Moreno Valle.

 

Quien vinculó al hoy gobernador y empresario dueño de la firma Security Tracking Device fue la mismísima Elba Esther Gordillo.

 

La maestra era vecina de Azano en la zona exclusiva de Coronado, Estados Unidos. A la casa de Susumo, ubicada en el número 8 de Green Turtle Road, muy cerca de la de Elba Esther, acudían para definir apoyos para el poblano.

 

Así nació la operación espionaje que desarrolló el morenovallismo, en Puebla y fuera del país. Ya después todo se torció en una estrategia de chantaje y poder.

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