18-10-2021 05:22:36 PM

¿Quién le llorará a Paisano?

Por Valentín Varillas

Pocas detenciones tan aplaudidas en términos de opinión pública y publicada, como la del ex edil de San Andrés, Leoncio Paisano.

Propios y extraños, cercanos y lejanos, tirios y troyanos, festejaron el ajuste de cuentas de este auténtico saqueador del erario municipal.

Tal vez algunos, los que fueron parte de la mafia que operó ahí el trienio pasado, lo que sientan es miedo, ante la posibilidad de que el bumerang los alcance y tengan que sufrir las consecuencias jurídicas de sus actos.

Pero nada más.

Y es que, en su paso por la alcaldía, Paisano dejó una enorme lista de damnificados.

Inclusive entre quienes lo ayudaron a llegar al cargo.

Con su hermano Guillermo, la liga se rompió porque Leoncio sentía que brillaba más que él.

Que pesaba más en términos de la influencia y alcances que tenía en la élite política, empresarial y económica del municipio.

Una lógica parecida dinamitó su relación con Miguel Ángel Huepa, quien en su momento fue fundamental en la operación electoral y de recursos necesarios para la victoria del panista.

Con la población en general, sus modos de faraón y su poco cariño por la tierra que gobernaba, afectaron su imagen y niveles de popularidad de tal manera que el referéndum a su gestión en las urnas, al final fue demoledor.

Su actuación durante el conflicto limítrofe con Puebla, fue un factor que pesó mucho en esta fractura.

Para analizar el tema, Paisano sostuvo varias reuniones con empresarios, líderes sociales y hasta caciques de la zona quienes le advirtieron sobre las consecuencias que podría sufrir en caso de que el congreso fallara a favor de Puebla.

Para ellos, el tema de los recursos no era lo importante, sino “defender el orgullo sanandreseño”.

En varios negocios, tiendas y lugares públicos se instalaron pancartas que invitaban a los habitantes a cerrar filas en torno al municipio, defender el territorio de sus antepasados y no permitir una afrenta más por parte de la capital.

La resolución del congreso no les fue favorable.

Ese grupo de notables no vio con buenos ojos el hecho de que el gobierno municipal decidiera no acudir a la Suprema Corte de Justicia de la Nación para intentar revertir la decisión tomada.

Presionaron con todo al entonces síndico Paulino Pedro Lozada Cuaya y al propio Paisano, para que armaran el expediente correspondiente y pelearan en el máximo tribunal del país.

Ni los pelaron.

Los funcionarios prefirieron enemistarse con ellos que con Moreno Valle.

Algo similar pasó con la construcción del Parque de las 7 Culturas.

Rafael, después del escándalo Chalchihuapan, decidió trasladarle el costo político y de imagen a los presidentes municipales involucrados.

Esto a pesar de que la idea y desarrollo del proyecto habían sido de su autoría.

En el caso de San Andrés, el precio pagado por Leoncio también fue altísimo.

En tiempo récord y más allá de las élites, Paisano unió a la población en su contra, al grado de que la gobernabilidad en el municipio llegó a estar sostenida con alfileres.

El encarcelamiento de las “cabezas visibles” del movimiento en contra de la realización del proyecto –ordenada desde la oficina principal de Casa Puebla- y las más de 10 órdenes de aprehensión giradas en contra de más opositores, empeoró su realidad.

Estas acciones fueron interpretadas como una intromisión “inadmisible” del gobierno del estado y sirvieron para que la enorme mayoría de los habitantes de San Andrés viera con simpatía las protestas, en detrimento de la imagen del alcalde.

No toleraron que se pusiera en riesgo el patrimonio cultural e histórico del lugar.

Y llegado el momento, actuaron en consecuencia.

Hoy que ha caído, que vive sus horas más oscuras, Paisano cosecha toda la podredumbre que en su momento, con tanto ahínco sembró.

“Ley de vida”-le llaman.

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