23-04-2021 09:48:48 AM

Reelección ¿suma o resta?

Por Valentín Varillas

En teoría, tendrían que sumar y mucho, a nuestra democracia.

De entrada, porque se supone que por décadas, se ha trabajado desde varias trincheras para tener hoy elecciones libres, creíbles, que permitan la competencia igualitaria.

La ciudadanización de los organismos electorales, como ejemplo más contundente de lo anterior.

El que el gobierno federal ya no intervenga en la organización y calificación de las elecciones, sigue siendo el principal logro en la forma en la cual elegimos a nuestros gobernantes y representantes populares.

También, año tras año, se destinan cientos de millones de pesos de dinero público y cientos de horas de trabajo permanente en perfeccionar estos procesos; en que cada vez sean mejores.

Además, la reelección es un mecanismo que tendremos los votantes, para premiar o castigar directamente a quienes buscan repetir en el cargo.

Ya no al partido o al candidato, como se hacía hasta ahora.

No puedo pensar en un proceso más justo, más apegado al ideal.

Por si fuera poco, se nos vende cada día en el discurso oficial, que los órganos de control interno en los diferentes niveles de gobierno se han perfeccionado de tal manera, que hoy existen mecanismos que vuelven muy complicado el desvío de recursos públicos y el uso de programas gubernamentales con fines partidistas.

 

Si todo lo anterior es cierto: la reelección no solo debería de ser celebrada por la mayoría de los mexicanos, sino fomentada para que se aplique a otros cargos públicos como las gubernaturas de los estados y ¿por qué no? hasta la presidencia de la República.

En los hechos, tristemente, es todo lo contrario.

Según todos, absolutamente todos los sondeos que se han llevado a cabo para medir qué piensa la mayoría de los mexicanos sobre esta figura, existe un rechazo másico, casi unánime a ella.

En promedio, muestran que más de las dos terceras partes de quienes aseguran tener la intención de participar activamente en el proceso electoral de junio próximo, no está de acuerdo en que quien ocupa actualmente un cargo público, intente repetir en él.

Sí, los fantasmas heredados de nuestra revolución siguen vivos y coleando en la segunda década del siglo 21.

Cien años después, aquella máxima de “sufragio efectivo, no reelección”, se mantiene grabada a sangre y fuego en el imaginario colectivo de los mexicanos.

Para bien o para mal, justo o injusto, está clarísimo.

Por eso, en este arranque de campaña vale la pena cuestionar cómo va a jugar este mito post-revolucionario en el desempeño electoral de quienes se juegan la reelección en este proceso.

¿Será esta postura drástica -al parecer inamovible- la que termine determinando ganadores y perdedores, o será el análisis frío, pausado, de los logros, yerros u omisiones de un “reeleccionista”?

Si aspiramos a la madurez democrática que tanto cacareamos y exigimos, tendría que ser la segunda, aunque la contundencia de los números diga otra cosa.

 

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