08-03-2021 02:46:08 AM

¿Cuánto vale Lalo?

Por Valentín Varillas

Más allá de números, indicadores, encuestas, análisis de prospectiva y demás herramientas con las que se calcula el potencial desempeño electoral de un candidato, Eduardo Rivera enfrentará un escenario inédito en su carrera política.

Y es que, a pesar de que jugará por tercera vez por la alcaldía de la capital poblana, será la primera que lo haga sin la figura de Moreno Valle en el panorama.

Para bien o para mal.

En el 2010, cuando ganó, iba en el paquete con quien entonces competía por la gubernatura del estado.

Con todo los beneficios que eso significaba.

Montado en la estructura de operación electoral y financiera del gobierno de la República, en manos de Felipe Calderón y con el apoyo absoluto de Elba Esther Gordillo y su capacidad de generar votos a través del control absoluto del sindicato más grande América Latina.

La estructura operó con la precisión de un relojero suizo y fue fundamental en la victoria del “panismo” en aquella elección.

Con todo y que Rafael no veía con buenos ojos la candidatura de Rivera.

Su primera opción fue siempre Ana Teresa Aranda.

En sus encuestas y mediciones aparecía mucho mejor posicionada que Lalo.

Hizo todo por convencerla, pero la famosa Doña jamás cedió ante el tentador canto de las sirenas.

Eduardo se convirtió en alcalde y la coexistencia con Moreno Valle fue insoportable.

Luego llegó el 2018.

Con un proceso legal en contra, armado por el congreso del estado, con potenciales consecuencias en lo administrativo y lo penal, el panista accedió a convertirse en carne de cañón electoral.

Compitió, sabiendo que la estructura del morenovallismo operaría con todo a favor de la morenista Claudia Rivera y que la intención era enviarlo al matadero para eliminarlo, de una vez por todas, del escenario político poblano.

La alquimia electoral, ensayada hasta el cansancio por Rafael, tenía como objetivo único la victoria en la gubernatura del estado.

Nada más.

Todo lo demás era prescindible, sacrificable, no importaba.

Sobre todo su inminente derrota en la capital.

Sin embargo, Rivera no tenia otra.

Era el precio a pagar para que la persecución terminara y que de esta manera no fuera inhabilitado para ocupar un cargo de elección popular.

Gracias a esto puede competir en esta elección.

Hoy, Moreno Valle ya no está.

Ni para sumar, ni para restar.

Este proceso en la capital servirá para saber realmente si los números que ponen a Lalo como el candidato a vencer, se traducen realmente en votos contantes y sonantes.

Eso, a final de cuentas, es lo que vale en una contienda.

Lo demás, es simplemente filigrana.

A ver de qué está hecho quien en teoría es la carta fuerte del panismo para recuperar la ciudad este 2021.

 

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