17-01-2021 12:46:31 PM

Caro, pagamos el “desarrollo” de Puebla

Por Valentín Varillas

Los genios del marketing morenovallista, nos vendieron que gracias a sus buenos oficios, la modernidad había llegado por fin al ejercicio de gobierno.

Que el desarrollo, sostenido y sustentable, era una realidad inobjetable y además, irreversible.

Gobiernos de primer mundo que, en teoría, nos habían sacado por fin de ese penoso estado de naturaleza en el que vivíamos, permitiéndonos dar pasos firmes en aras de superar nuestro aldeanismo.

Con el cambio político poblano, se manejo que al servicio público local había llegado solo lo mejor de lo mejor: la verdadera élite de notables.

Por eso, la verborrea gubernamental vendió hasta la saciedad que aquí no pasa nada, que gozamos de un estado de excepción que nos hacía ajenos a los grandes problemas nacionales y que por lo mismo, ya formábamos parte de una comunidad de privilegiados que habitamos una sucursal del País de las Maravillas.

Miles de toneladas de concreto, ladrillo y varilla, era la supuesta prueba irrefutable de lo anterior.

Jamás se nos dijo que a la par, se sangraba el erario del estado y se alimentaba una insaciable red de corrupción.

Que cada obra realizada, cada producto y servicio vendido, iban acompañados de un salvaje pago de moches y de un leonino sobreprecio.

Sí, ser poblano en tiempos de jauja nos salió muy caro.

El dinero público se tiró a manos llenas, se manejó como si fuera un patrimonio particular de la élite que gobernó en ese tiempo.

Y el precio lo hemos pagado todos y lo seguiremos haciendo durante varias décadas.

Más allá de los tristemente célebres PPS, existieron otros proyectos de obra pública en donde se pagó mucho más de lo que se debería haber pagado.

Las pavimentaciones con concreto hidráulico, por ejemplo.

Ese que evitaría bacheos de emergencia por un período de 20 años y que en algunos sitios presenta desde hace mucho tiempo un importante deterioro.

Los poblanos pagamos  hasta 10 veces más que en otras entidades, por un supuesto beneficio que en los hechos jamás llegó.

La obra del Circuito Juan Pablo II, en donde pagamos más de 13 millones 600 mil pesos por Km.

O la de la 31 Poniente: 15 millones 131 mil por Km.

Y qué tal la de la 25 Poniente: 11 millones 206 mil.

En la obra del Blvd Norte, de plano no tuvieron llenadera y pagamos los poblanos 32 millones 980 mil pesos por Km.

La de la 49 Poniente y 11 Sur: 14 millones 700 mil pesos.

Sin embargo, la auténtica joya de la corona fue la obra de la Vía Atlixcáyotl, desde el Circuito Interior hasta el Periférico.

Ahí, el precio que pagamos por Km fue de 84 millones 600 mil pesos.

Increíble.

Y no se trata de casos aislados.

En el proyecto de construcción del teleférico, se aplicó una estrategia muy similar.

Según cifras manejadas por el propio gobierno estatal, la obra, con longitud de 688 metros, costó 359.2 millones de pesos.

Esto nos arroja un costo de 522 mil 93 pesos por metro.

La proporción es demencial si se compara con otros proyectos similares que operan en otros estados.

El mismo año, el municipio de El Marqués, en Querétaro inicio la construcción de un teleférico con una longitud de 625 metros y una inversión de 96.8 millones de pesos.

Es decir, el metro de la obra queretana costará apenas 154 mil 880 pesos, menos de la tercera parte del costo del proyecto poblano.

¿Más ejemplos?

Zacatecas: 650 metros con inversión de 86 millones.

Costo por metro: 132 mil 308 pesos.

Orizaba, Veracruz: 780 metros con inversión de 59.8 millones.

Costo por metro: 76 mil 667 pesos.

Torreón, Coahuila: 1,200 metros con una inversión de 150 millones.

Costo por metro: 125 mil pesos.

Durango: 750 metros que costaron al erario 90 millones de pesos.

Costo por metro: 120 mil pesos.

Chihuahua: 2,800 metros con una inversión de 250 millones.

Costo por metro: 89 mil 286 pesos.

Al momento de realizar todo este dispendio, según datos oficiales del Coneval, Puebla era el cuarto estado con más pobres en todo el país, pero el que más invertía en ¡futbol!

Así sus prioridades.

A cambio de este derroche, comunidades alejadas de la zona urbana, donde se concentra la mayor cantidad de votantes potenciales en todo el estado, vivieron condenados a la pobreza y a la marginación.

A ellos nunca les llegaron los supuestos beneficios de aquellos “buenos gobiernos”

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