26-11-2020 09:12:10 AM

La pifia de AMLO

Por Valentín Varillas

Un gran error cometió el presidente de la República el pasado fin de semana y éste no tiene nada que ver con cuestiones de diplomacia o política exterior.

Se trata más bien de un asunto interno, que merecía su inmediata atención y respuesta y al que intentó por todos los medios evitar o darle la vuelta.

Los damnificados de Tabasco, su tierra natal, por alguna extraña razón no se encontraban en la prioridad dentro de la agenda del jefe del ejecutivo federal.

A pesar de que viven una situación desesperada.

López Obrador no tenia pensado viajar a ese estado, en el diseño de sus actividades del fin de semana.

Tan es así, que no voló en aerolínea comercial, como es su costumbre.

La improvisación lo obligó a utilizar uno de los aviones de la Fuerza Aérea Mexicana, algo que va en contra de una de las banderas que absurdamente ha defendido obsesivamente durante su mandato: la utilización de aeronaves oficiales para desplazarse.

Hasta la mañana del sábado, el presidente no había hecho caso del consejo de sus asesores que le recomendaban, ya desde hace un par de días, atender personalmente la emergencia en Tabasco.

Que no podía ser indiferente ante el dolor de quienes perdieron sus bienes y a sus seres queridos.

Que los discursos y las frases huecas, a larga distancia, no servían en los hechos para nada.

Que había que ir porque no existe hoy un tema de mayor importancia en la agenda nacional.

No hacerlo, sería demoledor en términos de imagen.

Y aún así, se resistió hasta el último momento.

Por eso en la gira por su tierra, además de la improvisación en términos de logística, a López Obrador se le veía serio, molesto, francamente incómodo.

Y es que, a dos años de gobierno, es evidente que no le gustan los temas incómodos.

Los que no le suman a su imagen y a su popularidad.

Los que no se prestan para su lucimiento personal.

Y miles de damnificados por inundaciones, reclamando ayuda y señalando errores y omisiones –recientes y ancestrales- no le suman para nada.

Ya en Tabasco, los yerros continuaron.

Por alguna extraña razón, tal vez debido a su molestia por estar en un lugar que no quería visitar, se rehusó tajantemente a acudir a la zona de desastre y tener un contacto directo, frente a frente, con los damnificados.

El gobernador Adán Augusto López se lo propuso al inicio de la gira, como la actividad principal a realizar.

El mandatario estatal recibió una tajante negativa como respuesta.

De esta manera, quedó sellada la transición, de candidato de tierra a presidente de aire.

En su búsqueda de votos, López Obrador siempre privilegió el trato de frente, mano a mano con los electores potenciales.

A pesar de los adelantos de la tecnología, siempre optó por hacer campaña “a la antigua”, visitando hasta la comunidad más alejada de la cartografía nacional, pero sobre todo, conociendo en el campo de batalla las necesidades de sus habitantes.

Los “perversos” gobernantes emanados del PRIAN, tenían como uno de sus ritos principales, hacer acto de presencia inmediata, cuando azotaban las desgracias o los desastres naturales.

Tal vez, en los hechos, abonaba poco su presencia en estos lugares, pero simbólicamente, esta era fundamental.

Eso es la política precisamente, un conjunto de símbolos en donde, ya lo dijo el clásico: “la forma es también fondo”.

Peor para el que no lo entienda así.

 

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