21-09-2020 02:26:39 AM

Vender el alma al diablo

Por Valentín Varillas

 

“Todos son prescindibles, menos yo”.

Siguiendo al pie de la letra esta máxima, Rafael Moreno Valle ejerció el poder.

De esta manera le dio forma a una muy interesante logística de operación de los más diversos actos de corrupción de los que se benefició económica y políticamente, pero en donde desde el ámbito legal, jurídico y mediático, otros serán los paganos.

Rafael fue muy generoso con ellos: los dejó hacer y deshacer a cambio de una lealtad que tenía que ser a prueba de balas.

Se embarraron, hicieron, deshicieron y actuaron siempre bajo la premisa de cuidarle las espaldas a como diera lugar, al patrón, al amo, al auténtico jefe de la banda.

Era la filosofía del “úsese y tírese”,

Los escándalos seguirán.

Todo parece indicar que esto apenas empieza.

La lista de personajes que pagarán culpas propias y ajenas es larga, apenas empezamos a conocer una modesta parte de ella.

Vendieron su alma al diablo a cambio de enriquecerse en lo económico y de crecer en lo político, pensando que el escenario que hoy se vive en Puebla de plano jamás llegaría.

Le compraron a Rafael aquello de que serían eternos en el poder.

Que a manera de mantener el control político del estado y amarrando la presidencia de la República, su reino no tendría fin.

En esa lógica no dudaron en hacer todo, absolutamente todo lo que se les pidió, arriesgando nombre, prestigio y por supuesto, su propia libertad.

Sobre todo ahora que se han dado cuenta que el ajuste de cuentas con el pasado va en serio, que están metidos hasta el cuello en aquellas famosas “carpetas rojas” del morenovallismo.

Los archivos con los que cuenta el gobierno del estado y en donde se detallan con minuciosa pulcritud los pecados que cometieron.

El despertar para ellos ha sido por demás amargo.

Jamás se prepararon para un escenario distinto.

No diseñaron un Plan B, un control de daños que los preparara para aquellos súbitos giros que toma la vida, no solo en lo que a la política se refiere.

Si los ciudadanos de a pie contratamos seguros de vida, por aquello de las malditas dudas, resulta increíble que una larga lista de “profesionales” de la política y el servicio público no hayan tomado las provisiones necesarias en caso de que la fatalidad se presentara.

Tal vez se contagiaron de la soberbia que caracterizó siempre al régimen del que formaron parte.

No entendieron que el oficio al que decidieron dedicarse es de alto riesgo por su enorme volatilidad.

Que existe un sino fatal que condena a los que están arriba a caer de manera inevitable.

Que tarde o temprano, lo que sube tiene que bajar.

Y que la pendiente es muy pronunciada.

Hoy, ante el oscuro y tenebroso escenario que se les viene, será inevitable que en la más absoluta intimidad, busquen obsesivamente la respuesta a la incómoda pregunta de que si al final, realmente habrá valido la pena todo.

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