16-01-2021 11:50:45 AM

¿Una nueva normalidad política?

Por Valentín Varillas

 

“Morena no tarda en deslindarse de mí”-adelanta en entrevista el gobernador Barbosa.

Y se sigue con el tema, prometiendo que, el del 2021, será el primer proceso electoral en donde un mandatario no tenga ningún tipo de interés.

Por lo tanto, da a entender que van solos.

Que la capacidad de operación electoral y financiera del gobierno estatal no será una ventaja competitiva para ningún partido o candidato.

¿Será?

De concretarse, este escenario sería, efectivamente inédito y tendría como consecuencia un reacomodo importante al interior de las fuerzas políticas poblanas.

En la lucha por el poder, los vacíos siempre se llenan de manera natural.

Y entonces, cualquier escenario, por bizarro que pudiera parecer, tiene posibilidades reales de concretarse.

Si el partido en el poder le da la espalda a su principal liderazgo en Puebla, un potencial cierre de filas con personajes ajenos a los que en su momento sumaron a su proyecto, parecería lo lógico.

Más allá de ideologías, colores y siglas, el abanico se abre de manera muy interesante.

Y pueden caber todos, o casi todos.

Adentro y afuera del círculo político.

La supuesta ausencia de interés del gobernador en el tema electoral, contrasta con la importancia que éste tiene para él y para su administración.

De entrada, en el 2021 se juega la composición del próximo congreso, con el que tendrá que coexistir los últimos tres años de su mandato.

El encargado de revisar y votar sus iniciativas de ley, incluidas las relativas a temas presupuestales, algo fundamental en el ejercicio de gobierno.

Además, el relevo en los gobiernos municipales.

Alcaldes que serán importantes al momento de echar a andar programas y estrategias integrales para atender cuestiones fundamentales como seguridad, obra pública, salud y demás.

No, en los hechos no es poca cosa lo que se decidirá dentro de 10 meses.

Ni para el gobernador, ni para el que es todavía “su partido”.

Morena enfrenta su primera elección en el poder, como el más votado en Puebla y el país.

Necesita consolidarse en lo electoral, si no quiere que sea efímera su experiencia como grupo hegemónico en el estado.

Renunciar a la ventaja competitiva que da la simbiosis con el gobierno, pudiera parecer un suicidio político.

Sin embargo, el supuesto deslinde que viene debe verse en la lógica de la disputa interna entre grupos en Morena.

A partir del 2018, se ha desatado un proceso de auténtico canibalismo entre lo más granado de la supuesta izquierda nacional.

La realidad dio un giro radical en ese partido y el gobernador poblano parece que es un daño colateral de lo anterior.

La salida y posterior persecución de Yeidckol Polevnsky le pega directamente.

Fue una aliada importante para él, en su nominación como candidato.

Sobre todo en la extraordinaria del 2019.

Cuando, ya muerto el morenovallismo como grupo político en Puebla, salieron más aspirantes a la nominación.

La entonces líder nacional del partido cerró filas con Barbosa y resistió las presiones de los otros grupos.

Sobre todo el del senador Ricardo Monreal, con un interés específico de colar a Alejandro Armenta como candidato.

Además, la llegada de Ramírez Cuéllar a la dirigencia nacional tampoco le favorece al gobernador poblano.

Supone que otros, no necesariamente aliados, serán los encargados de definir la estrategia electoral de Morena en Puebla y por lo tanto, llevarán mano en el proceso de selección de perfiles para integrar candidaturas.

Tan bien lo sabe Barbosa, que no tiene ningún empacho en adelantar lo que viene.

El inevitable rompimiento.

Y será sin duda interesante, mucho, a partir de los escenarios que de ahí surjan.

Lo dicho, si se da el ya anunciado deslinde, todo puede pasar.

Bienvenidos a la nueva normalidad política poblana.

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