19-10-2020 09:57:51 PM

Lazos poéticos, protección fraterna

Por Abel Pérez Rojas

 

Entre los amantes de la poesía se gesta frecuentemente una fraternidad que es protección en medio de las situaciones adversas y una especie de catapulta que impulsa a salir adelante; esto lo asumen muy bien quienes han entendido que se debe a que la poesía -y por supuesto el arte en su conjunto-, tiene una fuente tan profunda que es la vida misma.

He intensificado mi abordaje sobre diferentes aristas al mundo de la poesía desde que el Covid-19 ha impuesto sus reales en nuestras tierras, como una reacción natural de asirme a lo que me dé esperanza ante la fatalidad.

En el camino he abordado cómo es que la situación que vivimos es una ocasión para dejar huella en la memoria histórica de nuestras sociedades, el boom poético que se vive en todo el mundo, la resistencia que se ha tejido desde la poesía, entre otras tantas vertientes.

Ahora, no puedo dejar de señalar un fenómeno que es eje transversal de todo lo que he escrito en torno a la poesía: los lazos fraternos que se gestan desde y en la poesía.

No dudo en sostener que cada poema que escribimos es una especie de trozo de lo que somos, de lo que muchos afirman es nuestra alma, y que, el conjunto de poemas va poniendo a la vista eso que vamos descubriendo de nosotros mismos.

En esa profundidad que sólo algunos poemas y poetas consiguen, es en donde se tejen los lazos fraternos.

Es una especie de hermandad que rebasa conceptualmente con mucho eso que algunos llaman complicidad.

La fraternidad poética puede explicarse ampliamente acudiendo a diversas áreas del saber, pero en lo particular, prefiero vivirla, dar cuenta desde su seno de su existencia y sus bondades.

La fraternidad poética nos levanta de la depresión, previene la soledad, aporta rutas de salida a nuestros problemas, literalmente nos da de comer cuando las monedas escasean de los bolsillos.

Por los lazos tejidos desde la poesía algunos han conservado la vida, pero más han salvado la existencia.

La poesía es solidaridad, compañerismo, camaradería, unión, ayuda… hermandad.

Somos hermanos como raza y lo comprobamos en las letras.

Hay un poeta latente en cada uno de nosotros, algunos logramos sacarlo a flote, para otros es cuestión de tiempo, por eso, cuando acudimos a estas fibras, se establece un clic existencial indescriptible, pero altamente significativo.

A propósito de lo indescriptible y profundo que es ese clic poético, el poema Hermandad de Ruben Darío dice lo siguiente:

Soy hombre: duro poco

y es enorme la noche.

Pero miro hacia arriba:

las estrellas escriben.

Sin entender comprendo:

también soy escritura

y en este mismo instante

alguien me deletrea.

 

He reflexionado todo esto y mucho más gracias a la iniciativa #Poesíaalasocho, porque me ha permitido entrar en contacto con muchos poetas y amantes de la poesía, quienes pueden dar fe de todo lo que abordo en este artículo.

Me siento muy afortunado de contar con el cobijo de mis hermanos poetas, porque estoy convencido de que dicha fraternidad nos sacará adelante.

Vale la pena darse cuenta. Vale la pena intentarlo.

 

 

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