28-05-2020 06:20:46 AM

Nada cambia: AMLO será el gran elector

Por Valentín Varillas

La polémica propuesta de “Estado de Bienestar” que hizo pública el presidente interino de Morena, Alfonso Ramírez Cuéllar y que incluye entre otras cosas, el darle facultades al INEGI para “medir” y “vigilar” los niveles y concentración de la riqueza en el país, ingresando inclusive a domicilios particulares, hay que insertarla en la lógica de la disputa interna por la dirigencia nacional del partido.

Es, sin duda, un guiño a los sectores más radicales que tienen un peso específico importante en el Movimiento de Regeneración nacional y que, en la óptica de Ramírez Cuéllar, se han fortalecido mucho en los últimos meses.

El diputado busca también, agradarle al presidente López Obrador.

Quiere empatar su retórica de condena a la riqueza, a la libre empresa y a quienes se han atrevido a obtener un buen nivel de vida a través del talento, el esfuerzo, la preparación académica y la capacidad personal.

Un falso clamor de pretendida igualdad, que endulza únicamente el oído de quienes la han comprado, pero que ni siquiera los que la proponen la llevan a cabo como filosofía de vida.

Con la misma estrategia, se quiere mimetizar en él, para conseguir los apoyos necesarios e imponer a un incondicional como líder nacional del partido en el poder.

Además, con esta propuesta, se viola una supuesta tregua que se había pactado entre grupos de Morena, mientras se emiten nuevas convocatorias para llevar a cabo congresos estatales y posteriormente un Congreso Nacional.

Las fechas acordadas originalmente, quedaron sin efecto por la contingencia sanitaria producto del Covid-19.

Hace algunos meses, el presidente López Obrador prometió públicamente que se mantendría al margen de los procedimientos de renovación de los liderazgos al interior de su partido.

Que no metería las manos, faltaba más.

Al igual que en su momento los priistas y los panistas, no va a honrar su promesa.

Al contrario.

Ante la severa crisis económica que amenaza empañar todavía más el resto de su administración, AMLO está metido de cuerpo entero en el cambio de dirigencias, en las entidades federativas y sin duda en el Comité Ejecutivo Nacional.

Va a necesitar, más que nunca, un partido que en su representación legislativa se sume al cien por ciento a los dictados de Palacio Nacional.

Cualquiera que estos sean.

Por eso, a sus operadores políticos, los que tienen una amplia influencia en la vida partidista, les ha exigido que el próximo presidente nacional tenga las siguientes características: incondicional, dócil y sin ningún tipo de aspiraciones políticas personales.

Un mártir dispuesto a inmolarse por su amo y señor, en caso de ser necesario.

 

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