28-05-2020 07:18:07 AM

Barbosa-Rivera, la historia de siempre

Por Alejandro Mondragón

 

En realidad, ya se habían tardado el gobernador Luis Miguel Barbosa y la alcaldesa Claudia Rivera Vivanco en exhibir sus diferencias, cuyo fondo radica en que el proyecto original de ella, nunca fue él.

 

Lo demás son diferencias que históricamente han tenido los gobernadores con los ediles de la capital.

 

El grupo de Rivera Vivanco apostó por Martha Érika Alonso (qepd) y con el helicopterazo también murieron las estrategias de convertirse en la aliada para controlar Morena y ser la interlocutora con López Obrador hasta el 2024.

 

El destino le tenía deparado la misma suerte de otros alcaldes con el mandatario en turno.

 

Mariano Piña Olaya impulsó la Junta de Mejoras con la derecha poblana para quitarle recursos y presencia con obra pública en la ciudad al entonces edil Guillermo Pacheco Pulido.

 

Manuel Bartlett Díaz acordaba con el síndico Ricardo Menéndez Haces en lugar de Rafael Cañedo Benítez; luego le fue peor porque llegó Gabriel Hinojosa Rivera con el PAN con enfrentamientos todos los días: el control del Soapap, la zona comercial de San Francisco y otras acciones que hacía el mandatario para desplazar al alcalde.

 

Melquiades Morales Flores le echó a Mario Marín al órgano de fiscalización y se opuso rotundamente a su proyecto a la gubernatura, después que tras los sismos de 1999, el edil aparecía supervisando la reconstrucción y el góber andaba ahogado en las inundaciones que a la par se dieron en la sierra norte. Con Luis Paredes Moctezuma vivió la lejana distancia.

 

Mario Marín jamás toleró a Enrique Doger y visceversa. Obstaculizó sus programas y lo mandó a vigilar permanentemente. Luego, llegó Blanca Alcalá y tampoco le permitía sobresalir.

 

Rafael Moreno Valle le hizo la vida de cuadritos a Eduardo Rivera, ambos del mismo partido. Lo mandó a espiar, no dejó que se asomara al balcón de Palacio Municipal en la primera ceremonia del Grito de Independencia y luego le echó al órgano fiscalizador y le quitó a los policías estatales. Rompió el convenio de colaboración que se tenía.

 

Llegó Antonio Gali Fayad. Aunque siempre fue considerado su Delfín, lo cierto es que tuvieron desencuentros por el afán morenovallista de controlar todo. A mentadas acabaron algunas reuniones, como aquella cuando al edil se le ocurrió adelantar el proyecto de reconstrucción del distribuidor 475 en el Circuito Juan Pablo Segundo.

 

Como mandatario Antonio Gali solía meter a la congeladora proyectos o apoyos de Luis Banck, a quien consideraba una posición de Moreno Valle, no suya.

 

Ahora, Barbosa y Rivera viven el desencuentro político. Cada quién jala para su lado. El principal problema está en materia de seguridad, pero ha ido contaminando diversos ámbitos de la coordinación.

 

No faltan, eso sí, los traidores/as a la alcaldesa que en esta confrontación pasan, entregan y dan información al Estado. Las Gargantas Profundas que también son consideradas como tales.

 

Tampoco se asusten. Nunca un edil enemigo del góber en turno ha acabado en la cárcel. El que más cerca que estuvo fue Eduardo Rivera y al final acabó exonerado.

 

Esto nos toco vivir a los poblanos y poblanas.

 

Es lo que hay.

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