27-10-2020 11:26:25 AM

Afectar a los “suyos”

Por Valentín Varillas

El presidente López Obrador se ha ensañado con aquellos a los que en teoría se debe.

A quienes, por lo menos en el discurso, se les etiqueta como prioridad, o bien a quienes se baten todos los días en el campo de batalla para hacer realidad la famosa Cuarta Transformación de la vida pública nacional.

Sí, a los trabajadores del gobierno federal se les ha cargado la mano en esta pandemia.

De manera “voluntaria”, para no caer en violaciones constitucionales, se les ha pedido que “donen” parte de su salario y que renuncien a las prestaciones laborales a las que por ley tienen derecho.

En el caso de quienes laboran en PEMEX, a través de un documento, se les solicita amablemente que sacrifiquen el 25% por ciento de lo que ganan por el trabajo que desempeñan.

Sobra decir, que no todos los afectados pertenecen a la burocracia dorada, ni mucho menos, como a veces se maneja engañosamente en la retórica oficial.

Muchos viven al día, desquitan de sobra el magro salario que reciben y por el nivel de compromiso y alto grado de especialización, merecen ganar bien, muy bien.

La falsa austeridad bajo la cual se justifica lo anterior, es en realidad un recurso discursivo basado en el martirologio que tanto le gusta al presidente.

Deben ser momentos de altísima frustración para quienes han dedicado horas y horas a realizar una labor pulcra, ejemplar en el servicio público, sacrificando todo lo demás,  para que al final se les “reconozca” pagándoles menos.

Vaya injusticia.

El colmo de lo absurdo radica en que, al sector empresarial, el presidente lo ha crucificado en el discurso de su famosas mañaneras por tener que prescindir de sus trabajadores, o bien, por haber echado mano de estrategias de reducción de  salarios para poder paliar los efectos de la pandemia.

Él recurre a lo mismo, en la disminución de sueldos y prestaciones a los burócratas y en la determinación de “adelgazar” el organigrama de algunas dependencias.

La desaparición de áreas importantes de la administración pública federal, bajo este engañoso modelo de la pobreza franciscana, puede tener como consecuencia una parálisis de gobierno y que aquellos programas que en teoría llevarán beneficios a los sectores más vulnerables de la sociedad, se vean afectados o en el peor de los casos, detenidos.

Al presidente también le molesta que los dueños de micros, pequeñas y medianas empresas, busquen –más allá del gobierno- esquemas que les permitan sobrevivir en este complicado escenario económico.

En la mañanera de ayer se fue con todo en contra de la posibilidad de que los empresarios tengan acceso a recursos del Banco Interamericano de Desarrollo para mantener un sector que genera el 72% del total de los empleos del país.

Parece que no se entiende que el cierre de una fuente de trabajo trae consecuencias directas e indirectas para la economía del país.

La enorme mayoría de quienes laboran en ellas van al día, su salario apenas les alcanza para la supervivencia -, pero la desaparición de su fuente de empleo significaría para ellos la irreversible condena a la miseria.

A menor empleo el consumo se inhibe y la afectación es para todos, inclusive para los millones que han optado por la economía informal ante la falta de oportunidades.

Otra vez: el eslabón más frágil de esta cadena lo representan quienes en teoría son la prioridad única en el ejercicio del actual gobierno.

Burócratas, asalariados, obreros y demás “daños colaterales” de las decisiones oficiales, seguramente están pensando en aquella máxima de la sabiduría popular que reza: “mejor no me ayudes compadre”.

 

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