28-09-2020 04:47:29 AM

El extraño caso del Sr. Abdala

Por Valentín Varillas

 

Pintaba para convertirse en uno de los hombres más poderosos del estado.

“Vicegobernador”- le llamaron inclusive algunos, cuando se enteraron de que sería el súper-delegado del gobierno federal en Puebla.

Con la absoluta confianza del grupo más cercano, íntimo y familiar del presidente López Obrador, sumado al padrinazgo y tutoría de Manuel Bartlett, se cerraba el círculo.

Sería el contrapeso natural de un gobierno estatal que, hasta el 24 de diciembre de 2018, venía pintado de blanco y azul.

En la real política actual, se supone que su actuar serviría para perfilar con éxito los planes y proyectos prioritarios de la Federación y por lo mismo, apuntalar la génesis de la 4T poblana.

Por la misma naturaleza de su cargo, se esperaba que su agenda mediática y política estuviera verdaderamente repleta, saturada.

La primera, para “vender” los alcances de los programas federales que se aplican en el estado.

La segunda, para abrir un canal de comunicación permanente con autoridades y representantes de todos los partidos.

No ha sido así, al contrario.

El ostracismo y el bajísimo perfil, es lo que han caracterizado hasta el momento el actuar de Rodrigo Abdala en su estreno en el servicio público nacional.

Sus poquísimos defensores a ultranza, lo justifican argumentando que está concentrado en su trabajo y que no le distrae, ni le importa, el lucimiento personal.

Que se debe a su chamba y que la hace muy bien.

¿Será?

Y es que, sus acciones contradicen lo anterior, ya que Abdala es uno de los diez súper-delegados del gobierno federal que están siendo investigados por la Secretaría de la Función Pública, por presuntas irregularidades en la operación de programas sociales.

¿Conclusion?

Ni la una, ni la otra caminan.

Por cierto, no es la primera vez que este personaje se queda muy corto en lo que a dar resultados en la política y la vida pública se refiere.

Previo a las campañas del 2018,  López Obrador y sus hijos habían decidido que Abdala se echara en hombros la creación, definición y operación de la estrategia electoral para Puebla.

Se le encomendó la titánica tarea de establecer las bases para la creación de la estructura del partido en la mayoría de los municipios del estado.

Esa estructura que, además de apoyar los proyectos de los candidatos a los diferentes cargos de elección popular, serviría como antídoto ante un potencial fraude electoral.

Además, a Rodrigo se le pidió que presentara una lista de perfiles congruentes con la imagen y el discurso de Morena y que pudieran ser considerados para integrarse a la oferta electoral del partido.

Así pues, pasaron los días, las semanas, los meses.

Los plazos se agotaron y los resultados, simple y sencillamente nunca aparecieron.

Brillaron pos su ausencia.

Los avances fueron prácticamente nulos.

Ni bases para el establecimiento de la estructura, ni ideas sólidas para generar la estrategia de acción electoral, mucho menos la lista de propuestas de posibles abanderados.

Nada de nada.

¿Las razones de semejantes fracasos? –imposible conocerlas a detalle.

Pánico escénico, terror a semejantes responsabilidades, miedo a no poder dar resultados, todas las anteriores o ninguna de las anteriores.

Sólo él lo sabe.

De potencial protagonista de la vida pública poblana, a simple figura decorativa.

Y en tiempo récord.

Nada, absolutamente nada que ver con lo que pudo llegar a ser.

Vaya desperdicio.

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