07-12-2019 09:04:00 PM

Toda la generación morenovallista que también iba en el helicóptero

Por Alejandro Mondragón

 

Once meses bastaron para poner fin a todo el morenovallismo, cuyos liderazgos hicieron de las suyas con poder.

 

En el helicóptero en el que perdieron la vida, la gobernadora Martha Érika Alonso y el senador Rafael Moreno Valle también iba toda una generación política que por más de 8 años creyó que llegó para quedarse.

 

Los peores enemigos de ellos, a quienes combatieron por la buena, pero más por la mala, se encumbraron en las principales posiciones de decisión.

 

La llamada clase política morenovallista reprobó sin jefe. No soportó la presión, sabía de sus pecados, excesos y los cadáveres que dejaron en el camino, revivieron.

 

Del círculo más íntimo: Cabalán Macari, alejado de todo; Roberto Moya, en el Senado; Eukid Castañón, retirado; Eduardo Tovilla, escondido; Antonio Gali, fuera de los reflectores; Luis Banck, en la vida privada; Marcelo García Almaguer, dando pena ajena y enfrentado a muerte con otro del grupo, Gerardo Islas; Luis Maldonado Venegas, murió meses después del helicopterazo; Jorge Aguilar Chedraui, cada vez que aparece en medios, es señalado de alguna irregularidad; Patricia Leal ya hasta entregó su Notaría; y Javier Lozano en sus guerritas tuiteras contra la 4T.

 

Todos, eso sí, en la mira de la Unidad de Inteligencia Financiera y de la Auditoría Superior del Estado.

Sus aliados en los negocios ya entregaron información sobre ellos. El andamiaje jurídico y legislativo fue dinamitado.

 

Ninguno recibe concesiones del gobernador Luis Miguel Barbosa. Por el contrario, se cruza información con la Federación para comenzar con los procesos penales en su contra.

 

Acumularon poder, dinero e influencias, pero tenía razón Moreno Valle cuando afirmó que a lo único que temía era a la naturaleza: “contra ella no se puede hacer nada”, dijo alguna vez.

 

Cuando se creyeron poderosos, fuertes, con recursos inimaginables a su disposición, en realidad estaban débiles.

 

El poder, como la medicina, tiene fecha de caducidad. Muchos y muchas lo entienden hasta que dejan los cargos.

 

Y en once meses el helicopterazo acabó con toda la generación morenovallista. Eso explica lo patético de la oposición a la 4T en Puebla.

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