Cuando la otra mafia del transporte le falló a RMV

Por Valentín Varillas

 

Existe otra mafia del transporte en Puebla, que también es usada sistemáticamente como carne de cañón electoral.

Crecen en privilegios y concesiones al amparo del poder político.

Cambian de camiseta con una facilidad asombrosa.

Se adaptan camaleónicamente a quienes les garanticen impunidad.

También se resisten a dar ese inevitable paso hacia la modernidad.

Les molesta la competencia, la quieren desaparecer de un plumazo ante su monumental incapacidad de ofrecerle un mejor servicio a los usuarios.

Fueron muy útiles en aquellos tiempos de la hegemonía priista.

Los candidatos del partido oficial, los necesitaban para amarrar sus triunfos electorales y convencer a la opinión pública de la limpieza y legalidad de los mismos.

En el proceso local del 2010, fueron institucionales y se sumaron gustosos al proyecto del marinista Javier López Zavala.

Después de la derrota y en tiempo récord, se le fueron a entregar, a rendirse ante Moreno Valle, su nuevo tlatoani.

Rafael los usó hasta el cansancio, los benefició con todo lo que pudo, pero en una coyuntura electoral muy importante para él, le fallaron rotundamente.

Era el 2015, año de elecciones federales.

Urgido de alianzas ante la inminente llegada a Puebla de empresas como Uber y Cabify, Pedro Díaz García, presidente del Consejo Taxista de Puebla, buscó acercamientos con los candidatos panistas ligados al grupo en el poder y vender mediáticamente que con su apoyo, ganarían sus distritos sin problemas.

Darle forma a un acto de apoyo a las aspiraciones de los blanquiazules, que contara con la intensa cobertura de los medios cómodos al régimen, fue la estrategia que en teoría maximizaría los beneficios para ambas partes.

El tan anhelado apoyo del gremio estaba reservado para los auténticos consentidos, para quienes por ningún motivo podían perder la elección.

Los “beneficiados” fueron Roberto Trauwitz, su candidato suplente Cabalán Macari y Javier Albizuri, un incondicional del entonces alcalde, Tony Gali.

El evento se llevó a cabo según el guión establecido.

Nada se salió de control.

Díaz García y compañía se comprometieron a “apoyar con todo” el proyecto legislativo de los panistas.

Trauwitz, por su parte, juró ante la cruz darle forma a una agenda que tocara temas de interés para los taxistas y trabajar en función de sus necesidades.

Albizuri fue más allá y prometió legislar a favor de un “aumento de salario” y de “proteger a un gremio como éste, que genera empleos”.

El acto de campaña fue considerado por ambas partes como “un éxito rotundo”.

Sin embargo, no fue tomado así en la oficina principal de Casa Puebla.

Y es que, el acercamiento con el Consejo Taxista no estuvo palomeado por los operadores principales del gobernador.

Esos que tenían la responsabilidad de cuidar hasta el mínimo detalle de las campañas de los candidatos oficiales y así evitar cualquier desliz.

Es más, el acto fue considerado por ellos como dañino en todos los sentidos.

“Al más puro estilo del viejo PRI”- lo calificaron.

Se basaban en la lógica de que los poblanos habían votado en el 2010 por una forma “distinta” de hacer política y que en el contexto del monumental desprestigio del gremio en el estado, un espaldarazo con esas características restaba mucho más de lo que podía llegar a sumar.

Y así fue.

A pesar de enorme cargada a su favor, los candidatos favoritos de Casa Puebla perdieron estrepitosamente, en un proceso que es considerado hasta la fecha como el gran fracaso electoral del morenovallismo.

A veces, en política, vender espejitos no es suficiente.

 

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