Génesis de la “nueva” oposición poblana

Por Valentín Varillas

 

Mientras que a nivel nacional, los esfuerzos opositores a Morena se concentrarán en el sector empresarial y en buscar en su interior caras nuevas que vengan a oxigenar el viciado ambiente de la vida pública del país, en Puebla, seguirán siendo los partidos y los políticos de siempre quienes busquen acabar con la incipiente 4T.

Tal vez lo único innovador en esta realidad, es que ahora será Movimiento Ciudadano quien intente llevar la bandera opositora en el estado.

Si bien la intención es sumar a otros institutos políticos para buscar coaliciones que fortalezcan su oferta electoral para los próximos procesos en la entidad, en esta ecuación resultan fundamentales la capacidad de operación electoral del gobierno de Jalisco y los recursos públicos que desde ahí puedan destinarse a la aventura poblana.

Ya vimos la mano de Enrique Alfaro y compañía interviniendo en la elección extraordinaria del pasado 2 de junio a favor de su candidato, Enrique Cárdenas, quien por cierto tendrá un papel fundamental en esta estrategia.

Como ya se cuenta en los corrillos políticos, Cárdenas está considerado como una opción viable para sustituir a Fernando Morales en la dirigencia estatal del partido y desde ahí, intentar construir un capital político a partir de los votos que obtuvo en la ciudad de Puebla y la zona conurbada del estado.

Además del ex rector de la UDLAP, existen ya otros perfiles que no únicamente estarían considerados para ser candidatos a cargos de elección popular, sino que ya trabajan agrupando a su incondicionales y a quienes tienen la capacidad económica para entrarle a la parte “privada” del financiamiento.

El ex gobernador Tony Gali y Eduardo Rivera, quien fuera presidente municipal de Puebla, están entre ellos.

El primero, ya trabaja a marchas forzadas en aras de perfilarse como próximo candidato a la alcaldía de la capital.

La caída en picada del voto morenista en la ciudad, ha sido un catalizador del apetito político del “galismo”, un grupo cuyos integrantes se mueren de ganas de regresar a las grandes ligas de la política local.

Por eso, desde hace semanas trabajan en ese objetivo.

Gali es bien visto por Alfaro y por el dueño del partido, Dante Delgado, con quien ya trabajó electoralmente en aquel proceso del 2013, en donde a través del formato de “candidatura común”, el partido naranja sumó para su triunfo en la alcaldía de Puebla.

Habrá que esperar a ver qué tan raspado sale del proceso de “ajuste de cuentas” con el pasado, que tanto ha prometido el gobernador Barbosa.

En el caso de Rivera Pérez, en el presupuesto original del tema Puebla lo intentan apuntalar como candidato a la gubernatura en el 2024, sobre todo si no pueden lograr que algún otro perfil crezca lo suficiente como un rentable producto electoral.

Su pertenencia al grupo del “panismo duro”, el que nuevamente tendrá el control absoluto del partido, le garantiza el visto bueno del blanquiazul para sumarse a un esquema de coaliciones

También le ayuda la imagen que tiene de “víctima” y opositor a Rafael Moreno Valle.

Si bien todo esto está apenas en ciernes, muchos son los convocados.

Desde los damnificados por la muerte del morenovallismo como grupo político en el estado, hasta quienes, a pesar de su pertenencia a Morena, se sintieron maltratados por la forma en la que se llevó a cabo el más reciente proceso de selección del candidato a la gubernatura por ese partido.

Más allá de quienes decidan sumarse o no, lo cierto es que su principal apuesta es el fracaso de los gobiernos emanados del Movimiento de Regeneración Nacional, tanto en el país, como en el caso de Puebla.

Que no le quepa la menor duda de que, desde sus respectivas trincheras, se dedicarán en cuerpo y alma a abonar a que no se logren los resultados prometidos por los gobiernos del cambio.

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