Agonizan, organismos electorales estatales

Por Valentín Varillas

 

La bancada mayoritaria de Morena en el Senado de la República, analiza con detenimiento un proyecto de iniciativa de reformas a la Ley Electoral, que entre otras cosas contempla la desaparición de los Organismos Públicos Locales Electorales (OPLES).

Aunque hay voces como la de Ricardo Monreal, coordinador del grupo parlamentario del Movimiento de Regeneración Nacional, que no está seguro de los beneficios de la medida, legisladores como Pablo Gómez la apoyan a rajatabla.

Y sus argumentos parecen ser muy buenos.

La operación de los OPLES significa un importante gasto público que no necesariamente redunda en la organización de procesos electorales en donde se respete la voluntad de las mayorías.

Los integrantes de estos organismos, llegan cuestionados desde su propio nombramiento, al ser designados por congresos estatales mayoritariamente controlados por el gobernador en turno.

Ya en los hechos, estas dudas quedan disipadas al ver un desempeño absolutamente parcial e invariablemente a favor del grupo político hegemónico en esas entidades federativas.

Puebla por ejemplo, en la elección del 2018, en donde las instancias electorales locales fracasaron rotundamente en su obligación de dar certezas en términos del desempeño del proceso para elegir gobernador.

Robo de urnas, acciones de violencia en las casillas, el fomento del miedo para inhibir la participación ciudadana, dejaron un pésimo precedente y nos colocaron como referente de lo que jamás debe pasar en el desarrollo de un proceso democrático.

Ninguna de estas acciones fueron suficientes, en la óptica de consejeros y magistrados electorales poblanos, como para anular el proceso.

Su actuar dejó un peligroso tufo oficialista, que puso en duda su parcialidad y transparencia.

Para evitar un escenario similar, se acordó acertadamente que la organización de la elección extraordinaria del 2 de junio pasada, fuera responsabilidad total del Instituto Nacional Electoral.

Habrá quienes acusen de “centralistas” a los que pretenden eliminar los organismos electorales locales, pero en el análisis no podemos dejar de lado el triste papelazo que en muchas ocasiones han protagonizado, desempeñándose no a favor de los intereses de las mayorías, sino como burdos paleros oficiales.

Y si, además de todo esto, se logra generar importantes ahorros en el gasto público, que se reorienten a otras áreas prioritarias en el ejercicio de gobierno, mucho mejor.

No sé en otros estados, pero aquí, a quienes arrastraron el prestigio validándole todo, absolutamente todo al morenovallismo, no los vamos a extrañar.

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