Gabinete sin sabandijas

Por Alejandro Mondragón

 

Para entender al próximo gabinete del virtual gobernador electo, Luis Miguel Barbosa, hay que ubicar dos años: 2018 y 2019.

 

En el primero se localizan sus lealtades y afectos, en el segundo sus compromisos.

 

La mayoría de quienes se sumaron a su campaña contra Enrique Cárdenas y Alberto Jiménez Merino fueron enemigos, caballos de troya y golpeadores de su causa en la elección que enfrentó al morenovallismo. Las sabandijas, pues.

 

Un caso: Ignacio Mier Velasco en el 2018 no sólo se negó a sumarse a su proyecto, a pesar de que tenía un lugar asegurado como diputado federal por Morena, sino que operó a favor de Martha Érika Alonso por acuerdo con Moreno Valle.

 

Ahora, como parte de la campaña presiona para fungir como pieza clave del gobierno de Barbosa.

 

¿Usted cree que un viejo zorro de la política como Luis Miguel desconoce lo que pasó y carece de la radiografía exacta de cada personaje?

 

Hoy, como diría el clásico, se vive en Puebla la reconciliación, lo que no significa que representantes de otros intereses van a gobernar en su sexenio.

Fue Barbosa, por ejemplo, quien operó en Palacio Nacional, la sede de Morena y Puebla, los apoyos para que fuera un aliado y amigo, Guillermo Pacheco Pulido, el gobernador interino. Revisó con este el gabinete, vetó a personajes, pero en la gran mayoría respetó las posiciones de Don Memo.

 

Ahora le toca la suya. Sabe que 5 años con 3 meses se irán volando. Comenzó a reunirse con todos, pero más que verlo como apapacho para el futuro, buena parte debería observarlo como despedida.

 

El presidente Andrés Manuel López Obrador tiene en Barbosa a quien se encargará de representar no sólo sus intereses, sino que además tomará el control político poblano para borrar la sombra del morenovallismo.

 

Viene la cruzada contra el huachicol, la limpia en el poder judicial, el destierro de legisladores locales que jamás lo respetaron, una nueva relación con medios de comunicación, empresarios, organizaciones sociales y sindicales.

 

Se contarán con los dedos de la mano quienes puedan repetir en la posición, por el asunto de evitar distorsiones de poder. Al final de cuentas el gobierno que se va y el que llega hablan el mismo idioma.

 

Los ediles y las alcaldesas morenistas entrarán en su dinámica de seguridad y revisión de sus cuentas por contralorías sociales.

 

Y la corte de aduladores de hoy, que lo defenestró ayer, comprenderá que la venganza no deja de ser un platillo que se come frío.

 

No, no se trata de persecución, sino de exhibirlos como lo que siempre han sido.

 

 

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