Plagiarios del poder

Por Alejandro Mondragón

 

El entonces presidente del Consejo Coordinador Empresarial, Humberto Ponce de León, había convertido a su fábrica, Gapsa, en la principal proveedora de galletas para el DIF y la Conasupo, en el sexenio de Mariano Piña Olaya.

 

Los desencuentros de empresarios poblanos con el mandatario de la época cada vez eran mayores. El presidente Carlos Salinas de Gortari inauguró los pactos económicos para enfrentar la crisis.

 

Todos los gobernadores tenían que aterrizar los acuerdos en sus estados, entonces el líder de la Coparmex, Antonio Sánchez Díaz de Rivera, declaró a El Financiero que los pactos no serían la solución a la crisis y las ceremonias de firma se habían convertido en rituales políticos para gobernantes.

 

¿Firmarán el pacto en Puebla?, se le preguntó.

 

No, respondió.

 

La postura dio la vuelta a todo el país. Ponce de León, líder patronal y proveedor del gobierno, quedó rebasado. Díaz de Rivera asumió el liderazgo y junto con el entonces vicepresidente del Consejo Coordinador Empresarial, Jorge Espina Reyes, desplazaron a las palomas, recuperaron el prestigio del sector y exhibieron, después, todas y cada una de las corruptelas del piñaolayismo.

Toda esta historia se las platico, porque de aquella época a la fecha, los organismos empresariales perdieron su razón de ser. Buena parte de los liderazgos acabaron en la burocracia dorada del foxismo en el 2000 para diluirse o ir envejeciendo.

 

La cúpula patronal quedó en manos de directivos, CEOs, empleados, pues, del capital. En algunos casos, familiares de los jerarcas del sector terminaron en presidencias del CCE, Coparmex, Canacintra o Canaco.

 

Con el sexenio de Rafael Moreno Valle, la situación empeoró. A los críticos les echó al fisco, a los que aceptaron someterse les otorgó contratos para sus empresas o dinero en programas de capacitación para los organismos.

 

Tres años del sexenio ilustran la relación:

 

En 2014, Moreno Valle entregó 2.6 millones de pesos a la Cámara de la Industria de la Transformación (Canacitra), y al Centro Empresarial de Puebla le dieron medio millón de pesos.

 

En 2015 a las cámaras empresariales les entregaron 6.5 millones de pesos distribuidos de la siguiente manera: al Club de Empresarios de Puebla le dieron 3.2 millones, a la Coparmex 3 millones de pesos, y a la Canacintra 307 mil 420 pesos.

 

En 2016, la cifra total fue de 6.8 millones distribuido de la siguiente manera: 6.3 millones fueron a parar a las arcas de la Coparmex, entregados bajo el rubro “Subsidio a la inversión”, mientras que a la Canacintra llegó medio millón de pesos bajo la categoría de “ayudas sociales a instituciones sin fines de lucro”.

 

Los organismos se volvieron así en orgánicos al poder, dejaron a un lado la crítica y se sumaron con alegría a lo mejor está por venir.

 

La ausencia de apoyos gubernamentales al sector explica en buena parte la presión que ejercen sobre el candidato Luis Miguel Barbosa. Organizan debates para presionar, esperar que mantenga los privilegios que les daba el ex gobernador.

 

Por eso, la frase de Barbosa en su último encuentro con ellos: no seré su rehén.

 

Nota Bene:

 

Sí hubo consecuencias de la negativa empresarial a firmar el pacto económico salinista, en el sexenio de Piña Olaya.

 

En la víspera del destape de Manuel Bartlett Díaz como candidato a gobernador, Carlos Salinas pidió una reunión con la cúpula patronal en el entonces hotel Mesón del Ángel, hoy Marriot.

 

Llegó acompañado del secretario de Hacienda, Pedro Aspe, a su cita con 37 empresarios.

 

A todos les ofreció prosperidad y apoyo a la inversión. La felicidad acabó semanas después, porque con la lista de asistentes, Hacienda les mandó requerimientos para el inicio de auditorías.

 

Aún así, esos empresarios se la jugaban por su sector, pero ahora…

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