Fracasa la campaña del miedo en Puebla

Por Valentín Varillas

 

 

La extrema derecha y sus representantes enquistados en distintos grupos sociales poblanos, ya no saben qué hacer ante el fracaso de la campaña del miedo que han financiado y operan en redes sociales, a través de llamadas telefónicas y en medios tradicionales.

Las cuentas de plano no les salen.

En el presupuesto original, a estas alturas, inoculando al electorado potencial mensajes de odio, guerra sucia y propaganda negra en contra de Morena y su candidato a la gubernatura, Enrique Cárdenas tendría que mostrar niveles de mediana competitividad para, por lo menos, hacer un papel digno en la elección del 2 de junio próximo.

No es así.

Jamás lo aceptarán públicamente -como sí lo ha hecho el líder nacional del PAN, Marko Cortés- pero sus números, los auténticos, los reales, los que utilizan para la toma de decisiones de campaña, muestran a su abanderado 26 puntos debajo de su adversario.

Tal vez por esto han aumentado su rijosidad, su violencia, su agresividad.

Ellos, que en teoría son un dechado de virtudes, que se venden como aquellos inmaculados y virginales próceres de la moral y las buenas costumbres en la política y en su vida privada, no tienen empacho en arremeter contra la vida personal y la condición física de quien han etiquetado como un “enemigo” al que hay que eliminar a como dé lugar.

Es la calca de aquella exitosa campaña negra, que los mismos grupos con idéntica ideología, ensayaron en contra de Andrés Manuel López Obrador en el 2006.

Trajeron expertos de eficacia comprobada en la mercadotecnia electoral y le dieron forma a una serie de ataques, en ese momento sin precedentes en la historia moderna de la política nacional.

Tal vez no estaban convencidos completamente de las bondades de contar con un presidente con el perfil de Calderón, pero en su óptica, cualquier cosa era mejor que el peligrosísimo “Peje”.

Fue entonces cuando los espacios publicitarios de la radio y la televisión se inundaron de spots en donde, sin ambigüedades, atacaban frontalmente a la izquierda mexicana.

Así, se perpetuaron en el imaginario colectivo de millones de connacionales frases y situaciones que intentaban mostrar a AMLO no sólo como un real “peligro para México”, sino a una izquierda rebelde, intolerante, cuyo arribo al poder significaba un riesgo importante para la estabilidad de las instituciones del país.

Ya de la mano con Acción Nacional, y particularmente con Juan Camilo Mouriño, coordinador del equipo de Calderón, se planteó una estrategia de “contraste” aprovechando situaciones de la coyuntura política diaria para acentuar la imagen negativa de López Obrador.

El punto de quiebre se dio cuando Andrés Manuel calló públicamente al entonces presidente Fox, para que no se entrometiera en la contienda electoral.

El ¡cállate chachalaca! se convirtió en el elemento perfecto para reforzar esta imagen de intolerancia y rebeldía que empezaban a atemorizar a buena parte del electorado.

Así fue como, los empresarios y la derecha, se hicieron de la materia prima ideal para comparar a su adversario con Hugo Chávez, presidente de Venezuela, ícono del dictador moderno de república bananera

En esos momentos, según todas las encuestas serias. AMLO llevaba una ventaja clara de más de 9 puntos porcentuales con respecto a Calderón.

Todo cambiaría.

La campaña negra superó las expectativas y permeó prácticamente en todos los sectores sociales.

Los empresarios utilizaron sus posiciones en los estados de la República para afianzar la estrategia mediática.

En Puebla, organismos como el Consejo Coordinador Empresarial, Coparmex, Canacintra, Canaco, Cámara Textil y hasta del Consejo Nacional Algodonero giraron la instrucción a sus afiliados de definir “esquemas novedosos” para llegar a sus empleados y obreros, sector en donde se concentraban los principales apoyos al proyecto político de López Obrador.

Intentaron de todo.

Desde la sensibilización y el diálogo, hasta la coerción y las amenazas.

Existieron industriales y comerciantes que el fin de semana previo a la elección presidencial del 2006 convocaron a todo su personal. Les ofrecieron un día de salario si votaban, pero habría un bono si el sufragio era para Felipe Calderón Hinojosa y rechazaban al PRD y a Andrés Manuel.

Todo, con tal de que el tan anunciado “peligro para México” no se convirtiera en una realidad que pudiera poner en riesgo sus intereses particulares.

Hoy, sin embargo, México ha cambiado de manera radical.

30 millones de votos respaldan a quien vendieron en su tiempo como el diablo de la política nacional.

La versión 2018 de la guerra sucia en su contra fracasó de manera contundente, como sucederá también en el caso concreto de Puebla.

Los números oficiales, los votos contantes y sonantes así lo demostrarán.

 

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