Los dilemas de Derbez

Por Valentín Varillas

 

 

El rector de la UDLA-Puebla, Luis Ernesto Derbez, es un importante activo del Partido Acción Nacional.

No existe la menor duda de ello.

Su militancia es de tal envergadura, que hasta compitió por la candidatura blanquiazul a la presidencia de la República apenas el año pasado.

Por eso, a simple vista, podría parecer extraño que –a diferencia de otros procesos electorales locales– en la coyuntura de la extraordinaria de junio próximo, haya decidido mantenerse absolutamente al margen de cualquier acción o manifestación de apoyo personal a favor de quien hoy compite por la gubernatura de Puebla bajo las siglas de su partido.

El hecho resulta todavía más paradójico, si se toma en cuenta que se trata de un académico que lo antecedió en la rectoría de la misma universidad que hoy encabeza.

Cuando el morenovallismo reinaba en la entidad y sus candidatos aspiraban a importantes cargos en la política y el servicio público poblanos, Derbez no tenía el menor empacho en manifestarse públicamente a su favor.

En este 2019, en apoyo a Enrique Cárdenas no ha habido nada, absolutamente nada.

Sus mensajes en redes sociales -que replican a su vez las participaciones que el rector tiene en medios nacionales como MVS Noticias o Radio Fórmula-, se centran principalmente en el análisis de la política exterior del gobierno del presidente López Obrador y en asuntos relacionados con la educación.

Como si se tratara de un tema tabú, Derbez se ha olvidado ya de la política partidista, algo atípico en quien, insisto, intentó gobernar este país.

Este raro comportamiento, este radical cambio, puede explicarse en términos de la institucionalidad que el ex funcionario del gobierno de Vicente Fox está obligado a mostrarle a la familia Jenkins y a la fundación del mismo apellido que controla la Universidad de las Américas Puebla.

Cuando era rector de la misma institución, Enrique Cárdenas quedó en medio de la disputa por el control de la Fundación entre los Jenkins y los Espinosa Iglesias.

Al ganar los primeros la guerra, el hoy candidato se vio obligado a dejar la rectoría y fue entonces cuando inició la cacería de brujas.

Con el control absoluto de la universidad y ya con una rectora a modo, los Jenkins hicieron públicas supuestas irregularidades en el manejo de los recursos de la institución en el período del hoy candidato y presentaron inclusive denuncias penales al respecto.

Los saldos de la disputa fueron demoledores y siguen en carne viva.

Cárdenas es intransitable en la óptica de los Jenkins y Luis Ernesto Derbez ha quedado atrapado entre los deberes cívicos y morales relacionados a su militancia e ideología políticas y las filias y fobias personales de sus patrones.

Por todo esto, uno de sus spots de campaña, en donde el candidato asegura que “la educación ha sido el centro de su vida” y habla de su paso por la docencia y la rectoría de la “universidad”, sin referirse a cuál, tuvo que ser grabado en la Ibero y no en la UDLA, como la lógica más elemental hubiera mandado.

Polvos de viejos lodos, que todavía ensucian.

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