Campañas y huachicol

Por Valentín Varillas

 

Aunque se vaticine alegremente, en la opinión pública y publicada poblana, que el PAN y sus aliados electorales perderán la elección extraordinaria de mediados de año, es evidente que sus adversarios políticos no dejarán un solo cabo suelto en términos de confeccionar una campaña demoledora que amarre la llegada de Morena a la gubernatura del estado.

Pareciera una obviedad, pero el tema “huachicol” será explotado hasta la saciedad.

Y es que, en términos de rentabilidad electoral -dirían los expertos en marketing político- es un asunto “redondo”, una auténtica joya atemporal que puede arrojar dividendos contantes y sonantes no únicamente en el tiempo de campaña, sino que puede arrojar beneficios durante todo el período del próximo gobierno.

El mejor ejemplo de lo atractivo que resulta hoy usar políticamente este tema, se da con el propio presidente y su estrategia de lucha en contra de este ilícito.

Cuando todos vaticinaban una caída estrepitosa de la imagen y popularidad de López Obrador, debido a las consecuencias del desabasto en algunos estados de la República, la sociedad civil mexicana cerró filas en torno a la estrategia y la imagen de AMLO subió de manera importante durante este período.

Increíble, un auténtico fenómeno en la política real y una muestra concreta de que la vigencia del bono democrático presidencial está muy lejos de agotarse.

Vaya mensaje para aquellos que, optimistas, le apostaban al desgaste de la figura de Andrés Manuel, para tener una supuesta ventaja en campaña.

Si el tema es de relevancia a nivel nacional, imagínese en Puebla, uno de los estados de la República en donde este delito ha crecido de manera exponencial.

El jugo político que se le puede sacar al robo de combustible es mucho mayor.

Desde hace semanas se vienen anticipando congelamientos en cuentas de figuras ligadas con grupos políticos poblanos, por operaciones irregulares, lo que abre la puerta a la posibilidad de llevar a cabo sonadas detenciones que sacudan la vida del estado.

Hay datos duros que también serán expuestos para evidenciar que las administraciones anteriores, por ineptitud o conveniencia, no maximizaron esfuerzos para desactivar la estructura delictiva y financiera de los señores del huachicol.

Por ejemplo, se manejará hasta el cansancio que en los últimos 7 años, el número de tomas clandestinas ha crecido en un 3152% en el estado de Puebla y que se vive una realidad crítica del 2014 a la fecha, en donde el incremento es del 496% .

Imposible pensar que esta realidad no obedezca a la más descarada complicidad oficial.

La impunidad, de paso, será también un eje central de los argumentos en campaña.

Se revivirán casos emblemáticos que en su momento dieron mucho de qué hablar y que evidenciaron la etiqueta de intocables de la que se han beneficiado algunos.

El de Othón Muñoz Bravo “El Cachetes”, por ejemplo.

O el de Pablo Morales Ugalde, ex edil de Palmar de Bravo.

También el de Rafael Núñez en San Martín Texmelucan.

¿O qué tal el de los Valencia Ávila en Venustiano Carranza?

Y se analizarán con lupa los infaltables operativos que jamás dieron resultado.

Por ejemplo, los que en teoría se llevaron a cabo para la detención de personajes como “El Bukanas” o “El Toñín”, piezas clave en el esquema delictivo del huachicol poblano.

Con bombo y platillo se anuncia siempre que se les busca afanosamente, pero de manera misteriosa, la nota no es su inminente aprehensión, sino la manera en la cual lograron escapar.

El tufo del involucramiento de autoridades de todos los niveles en el esquema de protección de los capos huachicoleros es evidente.

El tráfico y venta de información privilegiada, también.

En la segunda edición de la campaña para gobernador de Puebla, cuando se pensaba que todo, absolutamente todo ya se había dicho, el huachicol, el eterno huachicol, será uno de los protagonistas principales.

Dicen que hasta donde dé y caiga quien caiga

¿Será?

 

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